8.4.16

SOY


Soy demasiado buena.
¿Tiene sentido cuidar los detalles? Mi experiencia indica que no, pero igual lo hago una y otra vez. Evidentemente no logro comprender que mis acciones son inconducentes, que no hay nada que pueda hacer para sostener lo insostenible, para tratar de retener lo que no existe. Es eso. Es querer, es creer, es confiar en que puedo cambiarlo, en que pueda reacomodar las fichas y recomenzar el juego poniéndolo a mi favor. Pero no, no hay caso, no hay necesidad tampoco.
No logro comprender el proceso mental que me arrastra por ese camino de mentiras. Sí, no son más que mentiras. Justifico las excusas, me explico las ausencias, me convenzo de las explicaciones (que habitualmente no pido) y no me creo la verdad, me obligo a confiar en la mentira.
Odio las mentiras, detesto las cosas difusas, esas que no son claras, contundentes. Pero he aquí un grave problema: la definición de lo concreto. No, Si o No sé son afirmaciones directas. Después vienen los porque, pero no como argumentos sino como formas de aclarar, de poner en autos al otro del espacio en el que puede moverse. Para bien o para mal, con más o menos incomodidad, soy alguien que necesita certezas. Pero la certeza no necesariamente es compromiso, ni promesa, ni plan, ni continuidad, ni nada. Es algo, es saber si es una u otra cosa, es comprender cuál de todas es y por consiguiente decidir que hacer frente a eso.
Claro está, hay sentimientos y sensaciones no elegibles, pero mi pregunta habitual frente a esto es: ¿Por qué no decirlas? ¿Por miedo al rechazo o por miedo a todo lo contrario? ¡Al carajo ambas cosas! Hay que decir la puta verdad, entera, sin pausas, sin reparos, sin detenerse ni reprimirse. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene?
“Creo que podrías gustarme”. Te aviso, te estoy a vi san do, estoy poniéndote en alerta. Ojo, no te acerques más de lo que luego podrías soportar. Ojo, no des más pasos de lo que más tarde podrías mantener. Eso es jugar. A mí me gusta jugar pero limpio, sin trampas, sin lastimar, con verdad. Sí, no o no sé, no importa, lo que sea, pero la verdad.
Y en el medio, casi una catástrofe. Ansiedad, preocupación y nervios. Espera e incertidumbre. Así se siente estar parado en el no saber. Es angustiante, horrible. Lo sé. Yo también lo sentí, me asuste. Y más que eso, me apenó haberme vuelto real solo por eso, eso fue lo peor, definitivamente. Lo otro, hubiera sido complejo, si, y más sabiendo que sin querer iba a atar de por vida a alguien que ni siquiera tenía intenciones de volver a mirarme a los ojos. Hubiera sido injusto, ingrato y demasiado incómodo.
Pese a todo eso, pese a escuchar las excusas, ver las inacciones, notar el desinterés, registrar claramente el vínculo truncado y ser comprensiva con las medias tintas, aun así, soy demasiado buena.  Y ¿saben qué? No tiene caso. Es muchísima energía mal dirigida pero siempre le encuentro el punto, para mí nunca es un desgaste porque hay alguien más, ahí, del otro lado, alguien a quien puedo querer aunque no quiera. Pero eso no es posible saberlo, si no me atrevo a recorrer el camino y ese recorrido solo puedo construirlo andando-lo.  
Igual, no me entristece, no me amarga, no me angustia, no me decepciona, ni me desilusiona, ni me quita el sueño ni la sonrisa. Simplemente, no lo entiendo. Y no entenderlo es posiblemente casi la peor sensación que puede sentir mi cuerpo.

De algún modo, esto es lo que hay detrás. Esto es lo que no se ve a la primera mirada, lo que hay debajo de lo primero que inspiro.

2 comentarios:

  1. Yo creo que quien no dice la verdad, es porque no sabe en verdad que es. Hay personas que viven en el limbo constante. Los de tierra no podemos con eso y nos cuesta bastante entenderlo. Simplemente paciencia, esperar o dejarlos ir.

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  2. Yo creo que decir "no se cual es la verdad" es decir la verdad. Es confiar, es creer.

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