12.11.16

OTRA VEZ


Estas otra vez acá, metida en la misma serpentina de siempre. No tiene sentido, ya dejá de hacerlo. Al final te va a pulverizar, a destruir por completo, va a llegar el día que no vas a poder soportarlo más. Tenés que frenar, quedarte quieta de una vez, dejar de hacer. Es al pedo, vos lo sabes, no te conduce a ningún lugar…o incluso peor, al mismo de siempre.
Vas a tener que poner en práctica de una vez ese pensamiento que te persigue, que dice que no vale la pena, que sos vos la que quiere construir. Te estas quedando sin ladrillos, no hay nadie del otro lado dispuesto a acercártelos. Es mentira. Las palabras son mentira, no te las creas más. Te equivocas confiando, una y otra vez.
Dejá de insumir energía y perder tiempo en quien no lo merece. Siempre haces lo mismo. Estoy cansada de verte caer, una y otra vez. Ahí estas, indefectiblemente entera, como si el viento no pudiera derribarte, como si la tormenta no te asustara, como si esa enorme ola nunca fuera a alcanzarte. Ahí estas, como detenida siempre en la misma escena, trabada en el duro engranaje oxidado que siempre crees que vas a lograr hacer funcionar, pero no. Pero no, otra vez es no. Solo vos, al final, volves a entregar mucho más que el cuerpo y te vuelven a dejar vacía. Pará de hacer, en serio. Va a llegar el día que tu corazón va a detenerse y habrás perdido mucho más que lo que diste y te darás cuenta que lo habrás dejado en los corazones equivocados y que al final el único que importaba era el tuyo. Otra vez, estoy mirándote desde el balcón, espiando cada vez que te escucho llegar, viendo entre las cortinas como te escondes para llorar.
Es tu culpa. Vos sos la que deja la vida intentándolo. Nadie te lo pide. Siempre queres creer, una y otra vez. No te cansas de repetirlo, no bajas los brazos jamás y solo verlo es tremendamente agotador. Pero vos no, siempre estás ahí. Estoy a punto de enojarme.
La escena más triste es cuando te pones de rodillas frente a la puerta una vez que dejaste atrás la calle y en la inmensa soledad te desplomás, tomas aire y te incorporas con lágrimas en los ojos, te secas los pómulos y volves a mirar el teléfono, otra vez. Ya basta, Malena, en serio. Cortala.  


24.4.16

EXCEPCIONALMENTE YO

Flor, ¿te acordas cuando te regale mi único Pony que tuve en la niñez? Si, estás loca.
Marce, ¿te acordas cuando a mi primer día de trabajo le lleve regalitos a tus hijos? Sí, claro, ni me conocías!  Que loca!
Fede, ¿te acordas cuando sin habernos visto te sorprendí con esas cartas? Si, ¿seguís así de loca? Como te quiero!
Santi, ¿te acordas cuando te lleve los platos que me habías contado que necesitabas para tu casa nueva? Sí, me encanto la sorpresa pero estas re loca!

La gente que cree que haces cosas por necesidad o por interés. Les voy a decir algo: yo no necesito nada. De verdad que no. NADA. Y no estoy loca, SOY ASI.  Y me da igual la acusación, la sospecha, la intriga o la sensación de sorpresa amarga o alegre, es lo mismo. Me da igual. Casi todos traspasaron la barrera y se dieron cuenta finalmente que soy mucho más equilibrada mentalmente que varios. Siempre estoy en eje, casi nada me abate, no soy depresiva, no dudo. Me descubrieron y entendieron entonces que esos “dar” no tenían dorso engañoso, ni revés, eran solo una extensión de mi misma. ¿Es raro? Claro que sí, es más que eso, es excepcional (en el sentido de excepción). Bueno, yo no puedo hacer mucho con eso, la verdad. Es una decisión de los demás, que me excede. ¿Estoy loca? Claro que sí y es genial. Incluso se efectivamente que esa locura es la responsable de todo el amor que tengo a mi alrededor. No pienso, no pienso en esas pavadas que calculan todos: ¿Qué pensara? ¿Se asustara? ¿Creerá que soy una psicópata? No lo pienso, ni me importa. El que se anima a subirse a mi ola, es difícil que se baje de la tabla cuando logra entender como funciono.
Quizás por esta excepcionalidad que no puedo evitar ser, el esfuerzo por comprender lo diametralmente opuesto es gigante.
Estoy bien, lo peor ya paso y ni te enteraste. Wow! Fue un tormenton y ni preguntaste. Yo no lo dije tampoco, ya no hacía falta, ya no tenía sentido. ¿Para qué? Imagino que hubieras intentado ser amable, “acompañar” por obligación, “estar presente” haciendo parecer que era importante lo que ocurría y no mucho más. Ya sé, ya se, sos un quilombo, todo es un desastre, los tiempos son raros, la batería del celular se agota, el trabajo cambia y desborda, tenes la cabeza a mil y no sé cuántas cosas más. Ya sé. Se ve que una semana antes “de” no pasaba todo eso, lo manejabas o no existía, o no importaba, que se yo. Ahora, ¿Quién es más raro?
Va más allá del “sujeto”, en serio. Es una cuestión de forma. Y eso no tiene que ver con gustar más o menos, con que te importe más o menos, con que te caliente más o menos, con que te atraiga más o menos o con que tengas más o menos ganas. Tiene más que ver con la manera de relacionarte con el mundo exterior, con ese que no sos vos o que sos, no sé.
A veces siento que es una pérdida de tiempo muy muy grande, otras veces me fascina explorar los comportamientos míos y de otros frente a determinados estímulos y en otras ocasiones me da realmente igual. Pero en todos los casos, siempre hay humanidad, cierta sensibilidad puesta al servicio de desentrañar los caminos oscuros. De algún modo, me gusta caminarlos, aun cuando no me entreguen nada. Y aquí viene otra vez eso de la necesidad ¿Tengo la necesidad? ¿La siento? Pues no, para nada, en absoluto.
No experimento el rencor. Lo lamento, pero no lo hago. No mido.
Miente, miente que algo quedara. A veces queda incluso menos que si hubieras dicho la  verdad, pero ya sé, no te importa. A mí tampoco, pero es una lástima no poder ser verdadero, aun con eso que llaman “locura”.  Que feo debe ser. Alguna vez deberías contarme como es estar ahí adentro, atrapado, atado al pasado, tratando de manejar la duda. ¿Te da desconfianza? Ya sé, a todos les pasa, es razonable. No me voy a disculpar por ser incomoda. Lo fácil me aburre. Increíblemente ser excepcional me convierte en la sencillez hecha carne, aunque suene paradójico.
Van a pasar los años y quizás nunca en la vida salgan a SER. Yo soy todo el tiempo y es un riesgo permanente, sí, pero otra vez, me chupa un huevo.


20.4.16

NOT REALITY

Aunque no me lo crean, me sigue importando saber, aunque ya no me importe. Y eso no es perder, es ganar. Esa forma genuina habla mucho mas de mi que de cualquier otra cosa. Me reafirma lo que soy, lo que me gusta ser, lo que no podría ser de otra manera.
Siempre entrego una parte de mí y no me arrepiento de eso, pero es cierto que aunque lo hago desinteresadamente siempre me sorprende enormemente observar el poco valor que las personas le confieren a gestos de tal tamaño, tan gigantes. Simplemente no les importa en absoluto. Y lo peor de eso, no es el “no interés”; una vez más es el no ser capaz de decirlo, de ponerlo en palabras. ¿Qué ridículo no, o solo me parece ridículo a mí?
Y aun así, sigo cuidando las palabras, los silencios, los momentos, las formas y de verdad no tiene caso, no tiene el más puto sentido. Sería un error inmenso creer que lo paso mal, no lo hago realmente, no lo siento, solo trato de comprenderlo y eso tampoco tiene caso.
Me pregunto, entre otras cosas, de qué forma llega alguien a entender que yo estoy pidiendo explicaciones y asi terminar dando excusas. “Estoy en la calle” “Aun no llegue” “No te escribí porque era imposible” ¿Yo pregunte? No recuerdo haberlo hecho y si no lo hice, ¿Por qué y para que “defenderse” de ese modo? No tengo respuesta. Una vez más, no lo sé.
Sí sé que no soy tonta, que puedo saber incluso más de lo que podrían creer, mucho más, pero no hace falta que lo diga, no ahora.  La vida suele acomodar las cosas a su debido tiempo y le da a cada uno las consecuencias de sus actos (incluso a mi), de esos que cada uno sabe bien que realiza conociendo lo que encierran.  
Esto, todo esto va más allá de dos personas, es una manera humana de vivir en el mundo. Uno puede elegir ser real o ser mentira y el producto de esa elección siempre golpea de manera certera y en el momento justo, incluso cuando uno menos lo espera.
No tengo conflictos de ego, ni inseguridades, ni grandes miedos comunes. No me crean, si no quieren, me basta con saberme así a mi solita. Todo es una gran estupidez: el rechazo, la confusión, el desinterés, los pretextos, las deformaciones. Lo verdaderamente importante es otra cosa, es el otro y sus circunstancias, es ver a otro (cualquiera sea) enmarañado, imposibilitado de “decir”, tratando de “acomodarse” en esa irrealidad inventada, forzándose para construir un espacio cómodo en el que “accionar” seguro, a resguardo. Y aún más significativo es ver como ese otro utiliza todo eso para escudarse en vez de decir la puta verdad. A mí, y a todos y eso lo incluye a él mismo. Eso sí da tristeza. 
¿Es una cuestion de poder? Esa sensacion de poder que los cuerpos experimentan al entenderse "buscados" no es poder, es todo lo contrario, es la debilidad mas entera, es una fragilidad idiota y dañina. Empatia y egoismo, de eso hablo.   
Por mi parte, yo voy a seguir confiando y creyendo. Voy a continuar siendo así de verdadera, aunque a veces duela, otras sangre, algunas dé risa o provoque la mas pura felicidad. Soy esto y me chupa un huevo todo lo demas. 


8.4.16

SOY


Soy demasiado buena.
¿Tiene sentido cuidar los detalles? Mi experiencia indica que no, pero igual lo hago una y otra vez. Evidentemente no logro comprender que mis acciones son inconducentes, que no hay nada que pueda hacer para sostener lo insostenible, para tratar de retener lo que no existe. Es eso. Es querer, es creer, es confiar en que puedo cambiarlo, en que pueda reacomodar las fichas y recomenzar el juego poniéndolo a mi favor. Pero no, no hay caso, no hay necesidad tampoco.
No logro comprender el proceso mental que me arrastra por ese camino de mentiras. Sí, no son más que mentiras. Justifico las excusas, me explico las ausencias, me convenzo de las explicaciones (que habitualmente no pido) y no me creo la verdad, me obligo a confiar en la mentira.
Odio las mentiras, detesto las cosas difusas, esas que no son claras, contundentes. Pero he aquí un grave problema: la definición de lo concreto. No, Si o No sé son afirmaciones directas. Después vienen los porque, pero no como argumentos sino como formas de aclarar, de poner en autos al otro del espacio en el que puede moverse. Para bien o para mal, con más o menos incomodidad, soy alguien que necesita certezas. Pero la certeza no necesariamente es compromiso, ni promesa, ni plan, ni continuidad, ni nada. Es algo, es saber si es una u otra cosa, es comprender cuál de todas es y por consiguiente decidir que hacer frente a eso.
Claro está, hay sentimientos y sensaciones no elegibles, pero mi pregunta habitual frente a esto es: ¿Por qué no decirlas? ¿Por miedo al rechazo o por miedo a todo lo contrario? ¡Al carajo ambas cosas! Hay que decir la puta verdad, entera, sin pausas, sin reparos, sin detenerse ni reprimirse. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene?
“Creo que podrías gustarme”. Te aviso, te estoy a vi san do, estoy poniéndote en alerta. Ojo, no te acerques más de lo que luego podrías soportar. Ojo, no des más pasos de lo que más tarde podrías mantener. Eso es jugar. A mí me gusta jugar pero limpio, sin trampas, sin lastimar, con verdad. Sí, no o no sé, no importa, lo que sea, pero la verdad.
Y en el medio, casi una catástrofe. Ansiedad, preocupación y nervios. Espera e incertidumbre. Así se siente estar parado en el no saber. Es angustiante, horrible. Lo sé. Yo también lo sentí, me asuste. Y más que eso, me apenó haberme vuelto real solo por eso, eso fue lo peor, definitivamente. Lo otro, hubiera sido complejo, si, y más sabiendo que sin querer iba a atar de por vida a alguien que ni siquiera tenía intenciones de volver a mirarme a los ojos. Hubiera sido injusto, ingrato y demasiado incómodo.
Pese a todo eso, pese a escuchar las excusas, ver las inacciones, notar el desinterés, registrar claramente el vínculo truncado y ser comprensiva con las medias tintas, aun así, soy demasiado buena.  Y ¿saben qué? No tiene caso. Es muchísima energía mal dirigida pero siempre le encuentro el punto, para mí nunca es un desgaste porque hay alguien más, ahí, del otro lado, alguien a quien puedo querer aunque no quiera. Pero eso no es posible saberlo, si no me atrevo a recorrer el camino y ese recorrido solo puedo construirlo andando-lo.  
Igual, no me entristece, no me amarga, no me angustia, no me decepciona, ni me desilusiona, ni me quita el sueño ni la sonrisa. Simplemente, no lo entiendo. Y no entenderlo es posiblemente casi la peor sensación que puede sentir mi cuerpo.

De algún modo, esto es lo que hay detrás. Esto es lo que no se ve a la primera mirada, lo que hay debajo de lo primero que inspiro.

9.1.16

UN LLAMATIVO RELATO DE LO QUE NO FUE

Alguien que a los pocos días de conocerte habla de su mama como “tu posible suegra”. Da miedo. Lo que continua es la palabra “enamorado”. Más miedo. Lo voy a dejar ahí.
“No sé si esta bueno que seas inteligente”. Fiesta, batalla y 3 horitas. Creo haber entendido la idea de la primera charla que casualmente fue un 9 de febrero, el día de cumpleaños de mi papa. Mi papa murió, igual.
“No quiero dejar de hablar con vos”. Tema para terapia. Ya estábamos a 10 de febrero y yo aún no había sacado a relucir mis talentos, que son pocos pero muy específicos y efectivos, por cierto.
Eran charlas divertidas, ingeniosas. Me hacia reír, que no es poco.
Alguien que le dice “lugar de siestas inolvidables” al telo. No puede ser más que adorable, pero fue un mal momento. Eso lo creo ahora, no antes.
Le gustaba entera. Lo digo en pasado, pero presiento que puedo usar el tiempo presente aunque él intenta evadir esa sensación. Me imagino que está resistiéndose por motivos ridículos pero que en su mente son importantes, pero en la mía son equivocados.
Dos veces me propuso viajar juntos y ahora lo estoy pensando yo.
“Me gusta que sigas ahí” es una idea que fue recurrente, que fue dicha de muchas formas, que estuvo presente de punta a punta. Siempre.
¿Hijos? ¡Joder! Se estaba poniendo demasiado arriesgado. Fue un idilio, creo que fui intensamente idealizada. Igual se respiraba algo en el aire que no era tenso, era color rosa, suave, como delicado. Aun con todas esas oraciones sexuales que conducían a un solo lugar.
Me estoy convenciendo que lo extraño. La no sutileza de esas frases en busca de un hueco por el que pasar era lindo. Y era más que eso: ¡que se incendie Roma! Y ahora, pensando en irme en marzo, justo en marzo…mejor que no se incendie…o si, pero de una forma más poética.
Linda, linda, linda….muchas veces linda y las pecas, la obsesión. El color de mi pelo, esas fotos, los viajes en el medio.
“Hoy pensé en vos bastante y ya me molesta un toque”. Esa declaración es de casi amor, no casi de amor ¿me explico? “Anoche tipo tres o cuatro casi te llamo” Y esa es una declaración de calentura, casi sexual pero no, era otra cosa, lo sé ahora.
“Me quiero casar con vos” fue un intento de asustarme, en chiste, pero se dijo igual, se puso en palabras. En el fondo si asustaba pero ahora ya no.
Las películas de espías, el happy end y otra vez las declaraciones “en broma”, las intenciones expuestas, ahí flotando en ese aire rosa: “Ojala esta termine lindo, ojala empiece”. Empezó pero se esfumo pronto, metió la cola el diablo, hubo caída y golpes y enfermedad y médicos, sanatorios, enfermeras, inyecciones. Definitivamente podía ser una historia de amor. Listo, lo dije.
Sabia de antes que mi papa estaba muerto. Ya lo mencione, creo. Me enternecía y de repente apareció la voz, creo que me gustaba. Era la parte difícil.
No puede ser que sea un fantasma. Confieso que desconfié. No tuve miedo, jamás, pero partes del relato me llevaron a la duda.
6 minutos sin responder y estaba aterrado. Había tonada y eso también me gusto. Se sentía especial, pobre. No lo era. Aun.
“Envidio tu almohada”. Eso es quererme fuerte. Fue así desde el principio. Lo dijo varias veces y ahora recién me lo creo. Hubiera sido lindo, me parece. No es tarde.
Emoticones con corazoncitos. En diminutivo. Aunque de forma literal la conversación siempre caía en pretensiones sexuales, no lo era, juro que no lo era. En el trasfondo, había otra cosa: había algo de soledad (o desolación, aun no se bien), un poco de búsqueda y mucha fantasía. Se transformó en algo parecido al realismo mágico. Eso. Así, tal cual.
“Mi menú sos vos” “mono dieta” de monogámico, fiel. Estaba desacostumbrada a la lealtad. Y otra vez la contrariedad “Intento no involucrarme….más”. Era una batalla, que él esperaba lidiar en una cama y yo, en la vida real. Logre intimidarlo, aunque se resistiera a la idea.
Que un hombre sienta timidez me da poder, claro, pero además también me provoca emoción, me excita, él no lo supo pero así fue: también me calentaba un poco.
Había detalles, esos que casi nunca vienen adosados a la conquista. “Creo que no te conocía la voz” cosas así que en el momento pasan casi sin hacer ruido pero más tarde, pesan.
“En mi cama” multiplicado por mil. Así lo dijo muchas veces. Mi propósito era solo llevar al límite que me pusiera, las ganas locas, imperfectas, deformes, intensas. Puso algunas murallas, aunque no lo supo. Yo puse más. “Cuidado que podes quedarte por siempre”, quizás eso hubiera querido. O en plural.
Supongo que me metí en su vida, sin querer. Era suya, de su propiedad.
“Y porque te extrañe” y Babasonicos pegado, pegadito. Y después “Vamos a dormir la siesta juntos”.  Vos, vos, vos…
Me olvide por un tiempo, retrocedí un par de casilleros y volví a llorar pero él me dijo: “Si esta más linda sonriente, vaya, fume un puchito y un café” Eso necesitaba, alguien que me cuidara del mundo. Y no se iba, aunque tenía por costumbre desaparecer. Estaba acá y no se iba y hasta se confesó: lo hubiera cancelado todo: el asado en La Plata, el dentista, las obras. Y yo también me confesé, pero no del todo y entonces eso me alentó a dar un paso más. No firme, como si por debajo no hubiera suelo, sino pantano.
“¿No quiere ser mi novia?” Tendría que haber dicho que sí y después decir “es broma”. Me dijo que era una especie de Tom Waits femenino y acto seguido que le gusta mi voz, mucho. Y eso me recuerda a “Hope I don´t fall in love with you….”

Un solo beso. Basto eso y después fue nada. Ausencia. No me pesó, no me produjo nada, me dejo suspendida en el aire un tiempo y luego volví en sí y también volvió él. Había una explicación, mala, bastante mala pero ahora yo entendía más cosas y entonces ya no quería volver a desaparecer y quizás él, volvía a luchar entre caer o retirarse. Me voy silbando bajito, mejor.