28.2.15

EL FINAL

Supongo que lo escribo para que lo leas. Tengo la fantasía que seguís leyéndome aunque seguramente no lo hagas. No importa. Yo lo escribo.
Estoy como encerrada. No puedo salir. No puedo. Es tremendo el dolor. Me pesa, me sigue destruyendo por dentro y va a ser cicatriz, lo se…pero jamás va a curarse del todo. Es inmenso.
Todo es en vano, aunque le de mil vueltas como las que doy ahora en mi cama, no hay forma de sanar, de salir, de volver a respirar, de tomar aire y seguir. Ya llegue al fondo y desde acá levanto la cabeza, miro y busco, y no encuentro nada. No estas acá, ahora que esta oscuro y hace frio, vos no estás en mi oscuridad, en el momento justo en el que pienso lo que tanto temí que vos pensaras, lo que me asusto mil tardes, mil noches…y también mil mañanas.
No siento rencor, ni pena, ni enojo, ni odio, ni bronca, ni decepción, ni fastidio, ni nada. Está intacto. Acá esta lo que fue siempre y lo que posiblemente siempre será. Y encima de  suena esa puta playlist que no puedo borrar. No tengo el valor, ni el coraje suficiente. Ni siquiera pude borrar esa ventanita.
Ni siquiera estoy lista para volver a escribir. Y sin embargo, escribo.
Pasaron unas semanas. En realidad, pasaron 8 semanas, que son algo así como 56 días. No estoy mejor, solo parece. No deje de pensarlo ni un solo día. No en él. En el final. ¿Qué es realmente el final de las cosas? ¿Tienen? ¿Es realmente el final?
Al derecho y al revés. De un lado y del otro. De atrás para adelante y de arriba para abajo. Lo vi, lo pese, lo medí y lo medite de distintas formas, tamizado por todos los cristales que puedan imaginarse, desde todas las perspectivas posibles. Y un día, así sin más, volves a amanecer y claro que sentís el dolor de la perdida, de que no esté más entre tus días, entre tus palabras, entre tus fotos, en tu vida y recordas todo lo doloroso que fue pero también te resistís a que se esfumen todos esos buenos momentos que construyeron lo que no fue. 
Repito una y otra vez en mi cabeza la frase “Lo que sucede, conviene” como si intentara auto convencerme de que está bien todo esto pero si me detengo unos segundos más a pensarlo, lloro. Y si! Pero no quiero llorar. Y pensar, tampoco.
Es tremendamente triste comprender que en tu vida, lo fue todo y en esa otra vida, quizás no fue nada. Pero ya paso, ¿no? Tiene que pasar, ser pasado de una vez.

El final habla más de mí que de vos, e incluso habla mejor. Increíblemente me siento afortunada y aún sigo reflexionando sobre el fin, ese trágico pero liberador momento en que como por arte de magia un lazo se rompe para siempre. ¿Un final entierra el pasado? ¿ese cierre decreta que todo ha muerto? Soy de las que cree que no, pero la verdad, no se….