3.1.15

IRSE

Es increíble ver cómo le pones una cantidad de energía excesiva a algo que no va a cambiar. Que la vida, los hechos, las experiencias te demuestran que seguirán tal y como son. No es que implique un esfuerzo desmedido para mí, pero es tremendamente frustrante darte cuenta que hagas lo que hagas, seas como seas, te muevas para el lado que te muevas no vas a conseguir volver las cosas a su lugar original. O al menos a ese que te hacía sentir más feliz.
Lo loco es que alguna vez, y no hace tanto, todo esto era mucho mejor. Al menos para mí. Es ridículo pensar en tiempo pasado, lo sé, pero es inevitable también. Volver a esos lugares que nos hicieron reír de alegría, llorar de emoción, vibrar de pasión y tantas cosas más.
A veces hay que saber reconocer el límite, correrse a tiempo o salir corriendo. Romper con los mecanismos viciados, dañinos, que te hacen llorar (y no de emoción, sino de angustia). Implica mucho, muchísimo más esfuerzo lograr desaparecer que seguir intentando que ese algo se reacomode en el que creíste que era su rumbo correcto. 
Y pasan las horas, los días, los meses y los años y seguís y seguís empujando y empujando, a veces con más fuerza, con más ánimo, otras con menos pero vas y vas sin parar hacia el mismo lugar como si fuera el último espacio que quisieras ocupar en tu vida, como si no hubiera ningún otro agradable, bello, cálido, que te haga cerrar los ojos y sentir en cada pedacito de tu cuerpo que es la única persona en la que queres estar para siempre, hasta el final.
Entonces es cuando llegas a un punto en el que ya no sabes que más hacer. Si seguís resistiendo en este camino de espinas que cada vez se vuelven más dolorosas o si simplemente abandonas la carrera sin explicaciones. Y te ataca esa duda existencial, que te viene persiguiendo hace mucho tiempo y no logras identificar qué es lo mejor, lo más saludable o todo lo contrario.
Auto reconocerse más feliz cerca que lejos te empuja hacia lo que en perspectiva es lo que más te destruye por dentro.
Y en el medio de toda esa reflexión que va ocurriendo en tu cabeza, pero también en tu corazón, en tu piel, en cada uno de tus poros, todo te indica que debes abandonar la carrera. Y sin embargo, toda tu humanidad se resiste y te grita desde el interior: seguí un poquito más que todo va a estar bien.
Es el limite. Hay que dejarlo. Hay que irse. Aunque sangre, aunque duela. Es lo mejor aunque ahora parezca lo peor.  


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