20.9.15

LO SE


Ahora hay una nueva víctima. Lo sé. Yo siempre lo sé.
Ella sonreirá cuando se ilumine su teléfono y vos seguro dirás cosas de las que luego te arrepentirás. Jamás pensaras en mí. Lo sé. Siempre lo sé.
No te das cuenta de lo que haces. Eso también lo sé. Y ella tampoco se da cuenta. Solo está ahí adentro, en esa magnífica burbuja que construís sin querer. La recuerdo y entiendo perfectamente porque caí. Porque sos increíblemente magnético. Lo haces un poco sin querer y un poco queriendo.
Solo pienso que este es otro momento, de esos que armas para sentirte un poco mejor, pero en el fondo sé que no lo estas aunque lo parezcas, aunque te quieras convencer de eso, aunque intentes mostrarle al mundo que todo es genial.
Hay muchas más cosas que se, que ya no te voy a contar, que te las hubiera contado. No te odio, ni te tengo bronca y eso es lo más raro de todo. Yo seguiría metida en el cono del silencio mucho tiempo más, lo que haga falta, hasta traerte de nuevo, hasta que por fin entiendas que más allá de mí, de lo que yo diga, de lo que yo sienta o piense, hay algo que aún no ves y que solo vos podes ver.
Ya me salí de esa ruta, me corrí o me corriste, ya no importa, no me importa a mí ni te importa a vos. Pero hay otra cosa que yo sé y que vos aún no. Siempre vas a estar solo, mas allá de esa familia, de algunas chicas de paso, de algún otro que caiga en la trampa, siempre todo será ausencia, siempre habrá vacío aunque te empecines en decirte lo contrario, aunque reflejes la imagen equivocado, esa que vos mismo edificaste para vivir en una fantasía acomodada a lo que deseas.

Supongo que es lo que hacemos todos pero vos metes gente de forma enferma. No sabes lo que es querer bien y yo si lo sé, siempre lo sé. 

23.8.15

TE EXTRAÑO


Nunca hagan un back up un domingo a la tarde. Provoca desordenes muy serios. Después de ver y revisar solo tengo una frase que decir: Te extraño. Y si, te extraño aunque me pese, aunque no quiera extrañarte, aunque intente evitarle con fuerza, con ganas. Simplemente solo me sale esto: extrañarte.
Una vez más retrocedo mil casilleros. Ya había pasado todo esto y sin embargo con una foto vista al pasar, todo vuelve sin poder controlarlo. Es como una marea alta, como un tsunami imparable de momentos que quedaron allá lejos pero hoy, en esta tarde de domingo, se me vienen recontra cerca. Revivo imágenes, sensaciones, olores, conversaciones, instantes únicos que me construyeron, que me fueron dando forma.
Te extraño y no quiero extrañarte. Estoy entre la nostalgia y la bronca, casi ira. Pienso cosas indebidas, inapropiadas, cosas que no debería estar pensando porque ya sé, no me conducen a ningún lugar, no me hacen bien ni me llevan a donde quiero estar.
Sigo pasando y pasando las fotos, las charlas y no puedo más que sentirme una tonta, porque en esas letras ya estaba inscripto el final. Ya se asomaba por el horizonte el ocaso de algo que sin dudas recordare infinitamente. Mientras escribo, pienso, siento y creo que siempre te voy a extrañar, que siempre voy a estar penando la perdida, que siempre va a existir este hueco, que esta cicatriz enorme que me quedo en el alma cada vez que vuelva a revisar va a supurar, que va a sangrar, que me va a doler y me va a hacer llorar.
Es increíble pero extraño pelear, discutir, esas notas de voz interminables con tus sordas elucubraciones, disertaciones de la nada, explosiones intensas causadas por solo una palabra. Es que extraño tu voz, eso creo. Extraño despertarme a la mañana con tu monito, o con tu sonrisa o con tu entrecejo fruncido. Extraño retarte, que me retes, cuidarte y que me cuides. Gritarte y que me grites, llorar juntos o separados, tratar de encontrar la manera de resolverlo. Siempre. Todo.
Eso, solo pase a decir eso. Te extraño.


28.2.15

EL FINAL

Supongo que lo escribo para que lo leas. Tengo la fantasía que seguís leyéndome aunque seguramente no lo hagas. No importa. Yo lo escribo.
Estoy como encerrada. No puedo salir. No puedo. Es tremendo el dolor. Me pesa, me sigue destruyendo por dentro y va a ser cicatriz, lo se…pero jamás va a curarse del todo. Es inmenso.
Todo es en vano, aunque le de mil vueltas como las que doy ahora en mi cama, no hay forma de sanar, de salir, de volver a respirar, de tomar aire y seguir. Ya llegue al fondo y desde acá levanto la cabeza, miro y busco, y no encuentro nada. No estas acá, ahora que esta oscuro y hace frio, vos no estás en mi oscuridad, en el momento justo en el que pienso lo que tanto temí que vos pensaras, lo que me asusto mil tardes, mil noches…y también mil mañanas.
No siento rencor, ni pena, ni enojo, ni odio, ni bronca, ni decepción, ni fastidio, ni nada. Está intacto. Acá esta lo que fue siempre y lo que posiblemente siempre será. Y encima de  suena esa puta playlist que no puedo borrar. No tengo el valor, ni el coraje suficiente. Ni siquiera pude borrar esa ventanita.
Ni siquiera estoy lista para volver a escribir. Y sin embargo, escribo.
Pasaron unas semanas. En realidad, pasaron 8 semanas, que son algo así como 56 días. No estoy mejor, solo parece. No deje de pensarlo ni un solo día. No en él. En el final. ¿Qué es realmente el final de las cosas? ¿Tienen? ¿Es realmente el final?
Al derecho y al revés. De un lado y del otro. De atrás para adelante y de arriba para abajo. Lo vi, lo pese, lo medí y lo medite de distintas formas, tamizado por todos los cristales que puedan imaginarse, desde todas las perspectivas posibles. Y un día, así sin más, volves a amanecer y claro que sentís el dolor de la perdida, de que no esté más entre tus días, entre tus palabras, entre tus fotos, en tu vida y recordas todo lo doloroso que fue pero también te resistís a que se esfumen todos esos buenos momentos que construyeron lo que no fue. 
Repito una y otra vez en mi cabeza la frase “Lo que sucede, conviene” como si intentara auto convencerme de que está bien todo esto pero si me detengo unos segundos más a pensarlo, lloro. Y si! Pero no quiero llorar. Y pensar, tampoco.
Es tremendamente triste comprender que en tu vida, lo fue todo y en esa otra vida, quizás no fue nada. Pero ya paso, ¿no? Tiene que pasar, ser pasado de una vez.

El final habla más de mí que de vos, e incluso habla mejor. Increíblemente me siento afortunada y aún sigo reflexionando sobre el fin, ese trágico pero liberador momento en que como por arte de magia un lazo se rompe para siempre. ¿Un final entierra el pasado? ¿ese cierre decreta que todo ha muerto? Soy de las que cree que no, pero la verdad, no se….

3.1.15

IRSE

Es increíble ver cómo le pones una cantidad de energía excesiva a algo que no va a cambiar. Que la vida, los hechos, las experiencias te demuestran que seguirán tal y como son. No es que implique un esfuerzo desmedido para mí, pero es tremendamente frustrante darte cuenta que hagas lo que hagas, seas como seas, te muevas para el lado que te muevas no vas a conseguir volver las cosas a su lugar original. O al menos a ese que te hacía sentir más feliz.
Lo loco es que alguna vez, y no hace tanto, todo esto era mucho mejor. Al menos para mí. Es ridículo pensar en tiempo pasado, lo sé, pero es inevitable también. Volver a esos lugares que nos hicieron reír de alegría, llorar de emoción, vibrar de pasión y tantas cosas más.
A veces hay que saber reconocer el límite, correrse a tiempo o salir corriendo. Romper con los mecanismos viciados, dañinos, que te hacen llorar (y no de emoción, sino de angustia). Implica mucho, muchísimo más esfuerzo lograr desaparecer que seguir intentando que ese algo se reacomode en el que creíste que era su rumbo correcto. 
Y pasan las horas, los días, los meses y los años y seguís y seguís empujando y empujando, a veces con más fuerza, con más ánimo, otras con menos pero vas y vas sin parar hacia el mismo lugar como si fuera el último espacio que quisieras ocupar en tu vida, como si no hubiera ningún otro agradable, bello, cálido, que te haga cerrar los ojos y sentir en cada pedacito de tu cuerpo que es la única persona en la que queres estar para siempre, hasta el final.
Entonces es cuando llegas a un punto en el que ya no sabes que más hacer. Si seguís resistiendo en este camino de espinas que cada vez se vuelven más dolorosas o si simplemente abandonas la carrera sin explicaciones. Y te ataca esa duda existencial, que te viene persiguiendo hace mucho tiempo y no logras identificar qué es lo mejor, lo más saludable o todo lo contrario.
Auto reconocerse más feliz cerca que lejos te empuja hacia lo que en perspectiva es lo que más te destruye por dentro.
Y en el medio de toda esa reflexión que va ocurriendo en tu cabeza, pero también en tu corazón, en tu piel, en cada uno de tus poros, todo te indica que debes abandonar la carrera. Y sin embargo, toda tu humanidad se resiste y te grita desde el interior: seguí un poquito más que todo va a estar bien.
Es el limite. Hay que dejarlo. Hay que irse. Aunque sangre, aunque duela. Es lo mejor aunque ahora parezca lo peor.