2.12.14

LA PREGUNTA

Y todo empieza por una pregunta, solo una: ¿realmente quiero hacer esto? A simple vista puede parecer una pregunta sencilla. Y sin embargo, en los últimos tiempos se ha convertido, para mí en la pregunta más difícil de responderme a mi misma. Es insólito pero al mismo tiempo pesado y cada vez duele más. Sobre todo, porque soy yo quien debe responderla y nunca antes me ha costado tanto responderme una pregunta.  
No se si quiero hacerlo. Tal vez no quiero, pero tampoco puedo no hacerlo. Ya no puedo. Es raro, porque soy de las que creen que uno no puede lo que no quiere y que en realidad uno siempre sabe lo que quiere y si quiere puede, como si fuera una formula matemática. No lo es.
Evidentemente tengo un umbral de dolor más alto que el resto de la humanidad, o al menos que la mayoría. Tengo una fina percepción que hace que me ponga con mucha facilidad en el lugar de otros y eso me haga sentir casi exactamente lo que los demás sienten. Pero a veces, incluso eso, es mucho. Demasiado. Y ahí, justo en ese instante es donde viene la pregunta: ¿quiero atravesar esto?  Mas allá de si me lo merezco, lo necesito, lo encontré o lo busque, puedo manejarlo o no, me hace más fuerte o más débil, si me toco, si es lo que debía ser…más allá de todo eso, ¿quiero?
Querer o no es mi dilema, hoy. Mañana, no sé. En principio, la acción de querer podría injerirse que es llanamente voluntaria. Bueno, estoy descubriendo que tal vez no lo es tanto. Y es tan extraño para mi hacer esta afirmación y entonces aparece una pregunta más: ¿Cómo querer algo o no, va a ser algo involuntario? Es ridículo! Heme aquí, diciéndolo…así livianita de cuerpo nomas…que barbaridad! No poder controlar mi propia voluntad es de las peores cosas que he sentido en mi vida. Si, así de tremendo.
Shakespeare ya escribió: ser o no ser, esa es la cuestión. Y aquí la mía: querer o no querer. 

En todo caso, siempre que haya una pregunta abierta, habrá una respuesta que buscar y eso hace que no sea el final. No aun.  

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