7.12.14

EL MOMENTO

Siempre estuviste en otro momento. A pesar de la inmensa conexión que sentís, que sentimos, que seguimos sintiendo como una especie de imán gigante que nos empuja todo el puto tiempo hacia el centro, siempre estuviste en otro momento….o al menos eso decís.  
Me intriga saber que pasara cuando llegue “el momento”, ese del que siempre hablas. Me intriga bastante y por eso aun sigo acá. Y lo peor o lo mejor es que tengo fe. Sigo creyendo en lo que aún no veo….o si, si veo, de a ratos, detrás de algunas palabras, escondido sutilmente en pequeñas acciones, adentro de mínimos gestos. ¿Lo veo o deseo tanto verlo que lo transformo en una realidad ficticia? Ya no lo sé bien. Y me agota perseguir saberlo. Y también me agota seguir esperando “el momento”.
Es una enorme dualidad, es un fluir constante entre lo peor y lo mejor de mí, es un ir y venir de la luz a la oscuridad sin cesar. De a ratos me siento opaca. Es eso. Opacidad.
No sé cuántas más fuerzas me queden para seguir creyendo con los ojos cerrados, pero al mismo tiempo, necesito seguir creyendo-lo. Estoy en una tremenda encrucijada emocional en la que hay días que intento soltar y dejar que todo ocurra sin más, y otros en los que tengo raptos furiosos de mandar todo a la mierda. Borrar todo, olvidarme de todo, resetearlo, destruir todo lo que construí, soplar el castillo de naipes que tanto esfuerzo me costó mantener en pie durante tantos años.
Dos palabras son las que dividen la construcción de la destrucción. Solo dos palabras y no sé qué va a ocurrir cuando las pronuncie al fin. Nunca encuentro el instante preciso para decirlas en voz alta, clara y firmemente, no porque no sea capaz sino porque estoy intentando evitar volver a caminar por los mismos caminos de dolor y a la vez, deseo fervientemente seguir así paseando por este, a veces, jardín de intervalos felices.
Estoy extasiada o exhausta. Tampoco lo sé muy bien. Cada mañana me despierto y respiro hondamente como si esa fuera una buena forma de continuar dentro de este ciclo interminable de altibajos que me torturan minuto tras minuto de cada uno de mis días.
No estoy del todo segura de cuánto tiempo más pueda resistir el impulso de quitar el velo que hay en todo esto. Lo puedo hacer muy violentamente y no quiero llegar a esos extremos porque presiento que no es el camino correcto, pero me cuesta tanto entregarme al devenir maldito que de repente se impuso entre nosotros.

Hay algo tremendamente inmenso detrás. Es como sentir todo el tiempo algo que está a punto de develarse pero no llega jamás a ser claramente puesto en palabras. Realmente hago un esfuerzo casi sobrehumano por respirar conteniéndome. Es imperativo para mí, cada vez más urgente que “el momento” se asome, se haga presente, se revele y que sea honesto, intenso, bello. Lo sigo esperando como desde la primera madrugada en la que descubrimos que una sola palabra nos iba a mantener unidos por el resto de nuestras vidas.  Lo espero y deseo con el alma tener la fortaleza suficiente para seguir construyendo sin desmoronarme antes de tiempo.
 

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