7.12.14

ANSIEDAD

Hay momentos en los que creo que voy a dejar de respirar. Lo digo en serio. Es algo físico que realmente me ocurre y no es solo una sensación, como si fuera un ataque de pánico. Es ansiedad, creo.
Me desespera. No lo puedo manejar, controlar, domar, detener. Me apabulla, me vuelve loca, me domina por completo. No lo puedo creer, realmente. Estoy impactada, shockeada, patitiesa, paralizada. Nunca antes en mi vida no logré dominar un estado físico de esta calaña. Evidentemente tiene una magnitud desorbitante y mi primer instinto es esfumarme pero no tengo más remedio que hacer un esfuerzo sobrehumano, cerrar los ojos y concentrarme en la idea de paz completa, entera, directa.
Me asaltan una cantidad de sensaciones  tremendamente inmanejables: me quedo sin aliento, se me eriza la piel, me duele la panza, me palpita el pecho, me tiemblan las piernas, me laten los ojos, me vibran las manos, me arden las orejas, se me acalambran los dedos y me pica la cabeza. Quiero gritar pero en silencio. Quiero llorar pero sin lágrimas. Quiero correr pero sin ponerme de pie.
Siento un agobiante encierro en mi misma, como si estuviera atada a algo más grande que toda yo misma, como una fuerza aterradora que me ancla a un lugar abstracto que no logro ver, ni tocar ni oír, pero que esta tan presente en mí que me seria completamente imposible desterrarlo de mi ser.
Creo que así debe sentirse el instante previo a la muerte, el segundo precisamente anterior al final. Tal vez, si pudiera frenar la actividad mental, aunque más no sea un lapso pequeñito de tiempo, podría parar toda esta avalancha de alteraciones físicas que me están atacando.
Algún pedazo de mi alma está intentando salir de algún recóndito espacio o bien alguna parte del alma de alguien más está intentando convivir en ese mismo espacio. Me vibra como algo externo que al mismo tiempo es parte esencial de mi entidad. Creo que en cualquier momento voy a dejar de respirar si no aparece pronto algo que logre detener este estado. Creo que es ansiedad, una inquietud del espíritu poco común. Es verdad. Es real. La siento en el cuerpo, como nunca antes. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario