28.12.14

UN LUGAR

¿Por qué no podríamos? ¿Por qué antes de ayer, hoy o mañana no podríamos? ¿Qué nos frena? ¿Qué lo impide? ¿Qué es lo que hace que no suceda? Solo son tus excusas, tus justificaciones, que en definitiva, no son más que no ganas.  Es tan sencillo como eso. Y es más doloroso entender que las ganas no existen que la acción misma del no poder.
Me encuentro atrapada en un lugar, privilegiado por cierto, pero no es el puto lugar donde quiero estar y ya estoy ahí y ya no voy a salir. No me vas a sacar nunca de ahí. No sé cuándo me metiste en ese casillero, no sé por qué, ni para qué y me da igual saberlo, porque eso no me saca de ese lugar.
Es muy complejo verdaderamente para mi tomar una decisión al respecto. No tengo ganas de pensarlo más, no soporto más dejarlo fluir y tampoco soy capaz de detenerlo.
Yo también estoy sin ganas, pero yo tenía…muchas. Ni siquiera sé exactamente como todo termino así. En este lugar.
Este espacio es el que no quiero más, quiero volver al que tenía antes, al que me hacía más feliz, al que me sacaba sonrisas y me hacía vibrar. Este es un lugar menos etéreo pero más doloroso, sin duda.
Debería irme. Desaparecer y que esa maldita fuerza que me arrastra una y otra vez hacia adentro deje de tener efecto en mí. Me deje libre, no me agobie, no me pese. Ya lo intente de mil maneras. No pude. No puedo.

Solo deseo ocupar un único lugar y no es este. Siento que “el momento” ya no llegara, ya paso. En algún momento lo roce, quizás, pero hoy ya no está entre nosotros y no sé si volverá. Ya te fuiste. Vos ya te fuiste y yo ya no quiero otro lugar.

20.12.14

RECUERDO

Me impresiona como la gente, a veces, logra borrar de su memoria, todas las palabras que dijo alguna vez. Estimo que las palabras dichas fueron reflejo de una sensación de ese momento, de esos instantes, de esos tiempos que pasaron.
¿Dónde se fue todo eso? Es una pregunta que supongo no podre responderme jamás. Me angustia un poco no encontrar respuesta y por breves lapsos me resigno a no saberlo nunca y por otros, me desespero para poder verlo, para hacer que vuelva a ocurrir.
Estoy confundida y un poco aturdida también. Dolorida, y no solo emocionalmente. Quizás me estoy reconstruyendo, tal vez me estoy autodestruyendo, no lo sé bien.
De a ratos, me autoconvenzo de que todo estará bien otra vez. Igual. Intacto. Y después, caigo en la cuenta de que ya nada puede volver a ser como fue. El tiempo transforma indefectiblemente los vínculos humanos y para mejor o para peor, es un proceso inevitable.
Releer ayuda, ver todo ese cumulo de sentimientos agolpados entre los dos me lleva a lugares en donde fui feliz de una forma tan honesta que hasta me asusta. Y hoy, solo son recuerdos. Tal vez son recuerdos solo para mí y esa asimetría es lo que más me hace hervir el alma.
Nunca antes me había enfrentado a una posibilidad tan inviable de recomponer tan sola. Ya no me queda nada por hacer. O sí, pero aun no estoy preparada para las consecuencias ni para darte tanto poder.
Me gustaría saber lo que realmente siente en lo profundo de su alma. Lo puro que habrá en el fondo más recóndito de su corazón. Si existe en algún lugar de su cuerpo alguna memoria, si tiene en alguna parte de su mente un pensamiento nítido de lo que hubo acá. Si registró alguna vez algo de todo, si lo vivió de la misma forma que yo, si lo sintió así de grande e intenso. El presente me trae todos no y el recuerdo estaba lleno de sí. ¿El futuro traerá algo? ¿Sera recuerdo hasta morir?
Me niego a quedarme estaqueada en este instante, me niego a sentirme paralizada como lo hago, me niego a seguir sintiéndome encerrada, ahogada. Me niego a que no sea, me niego a seguir atándome a los recuerdos. Y todas esas negaciones juntas son sencillamente incompatibles y casi no hay afirmaciones posibles. Estoy sola. Es eso. Recuerdo en soledad y aun cuando estés ahí, del otro lado, sigo sintiéndome sola.  

Hay una canción que canta “estar contigo es estar solo dos veces, es la soledad al cuadrado. Todos los sábados son martes y 13, llueve sobre mojado”. Hoy me viene bien. 

15.12.14

SILENCIO

Y así como de la nada, te viene un impulso de algún lugar y de repente te sentís bien, otra vez. Después de tanto llover y de verte hundido en el más profundo pozo, llega ese instante en el que te sentís no se….renovado, reconstruido.  
Tenés una herida más, una que siempre va a doler y esta sí es grande y por momentos vas a sentir como sangra sin parar y vas a querer que no este, que algo la haga desaparecer, pero sabes que eso no va a ocurrir y entonces, no te queda más que convivir con ese tajo inmenso, con ese agujero en el medio del pecho.
Y volves a salir a la luz, y volves a caminar y andar con una sonrisa en la cara y eso no significa que la angustia del alma se haya esfumado, ni que se haya apaciguado, calmado, dormido, es más bien que decidiste también integrarla a vos y la aceptaste. Aceptaste que el hueco va a estar con vos para siempre y que deberás seguir tu camino con él a cuestas.
Ya me siento bien, no del todo, claro…es un proceso, y en ciertos momentos, cierro los ojos y lloro otra vez, a mares, pero es el precio, debo transitarlo, es lo que debe ser.
Estoy tranquila. Me altero algunos instantes y exploto, vuelvo a temblar y a sentir frio y calor al mismo tiempo, me pongo fastidiosa y ansiosa y quiero salir a gritar como una loca desquiciada por la calle. Me voy a quedar en silencio, tal vez para siempre. No depende de mí completamente. Quisiera poder hablar y decirlo todo, para que la herida ya no sangre. Ya podre hablar o no, no lo sé. Ya no lo quiero pensar. No por ahora.

Callar no siempre es otorgar razón. Silencio no siempre es resignación ni espera. A veces es amor, también.  

14.12.14

RECONSTRUIR

Extraño tanto lo que éramos, lo que aun somos por momentos, lo que fuimos hace no mucho y lo que siempre fuimos desde el principio. Y lo que seguramente, seguiremos siendo, aunque ahora mismo, todo eso este dormido, acallado, en el fondo.
Evidentemente, tengo en mi esencia la construcción como forma de ser y estar, y entonces cuando descubrís que simplemente sos así y no podes dejar de serlo y lo aceptas, podrás intentar apartarte de esa manía pero una fuerza te empuja permanentemente a seguir en ese camino. Yo construí este vínculo contra viento y marea, a pesar de las circunstancias adversas, pese a toda tu resistencia inconsciente y para nada mal intencionada, me esforcé por transformar lo triste en feliz, lo malo en bueno, lo feo en lindo y empuje y empuje para continuar en pie a través de los días, los meses, de los años. Ahora todo se derrumbó porque para que un hogar sea sólido, son dos los que tienen que poner ladrillos y mientras yo edificaba un edificio de cinco mil pisos, vos solo lograste colocar en fila unas pocas paredes.
Increíblemente, me encuentro otra vez acá, amanecida. Ya no lloro y solo pienso que debo reconstruir. Tirar abajo todo ese enorme rascacielos que fue tan maravilloso ver de pie, como fruto de un trabajo intenso y empezar de nuevo a poner ladrillitos chiquitos desde abajo. Esta vez tiene que ser modesto y pequeño, acogedor pero sin muchas pretensiones. Un lugar donde vivir tranquilo pero sin lujos.

Para poder volver a construir de manera sana y esperando que llegue a ser fuerte, necesito derribar, necesito un plano nuevo, necesito decirlo todo, necesito escarbar en los cimientos y llevarme todo el lodo que hay ahí, porque si vuelvo a edificar sobre esa base pantanosa, va indefectiblemente a derrumbarse otra vez. Y también necesito que vos lo veas así de claro como es. Pero aún no lo ves, así que no voy a poder reconstruir-lo hasta que lo veas. Por eso, elijo el silencio y no como una manera de abandonarte, lo elijo como otro acto de amor.

13.12.14

ANGUSTIA

Y me desperté esta mañana llorando y entonces pensé que lo que me sucede es que estoy profundamente angustiada. Ahí fue cuando busque cual es la definición de angustia y me topé con esto: “es un estado afectivo de carácter penoso que se caracteriza por aparecer como reacción ante un peligro desconocido o impresión. Suele estar acompañado por intenso malestar psicológico y por pequeñas alteraciones en el organismo, tales como elevación del ritmo cardíaco, temblores, sudoración excesiva, sensación de opresión en el pecho o de falta de aire (de hecho, “angustia” se refiere a angostamiento)”.
No estoy segura si dicha definición se ajusta perfectamente a lo que realmente siento que me pasa.
Tengo miedo, sí. La piel se me ha transformado en una fina capa por la que todo traspasa de una manera exuberante, no logro controlar las lágrimas y tengo la sensación de estar encerrada.  A veces, y cada vez más seguido, siento un agujero en el pecho que me desespera y es como si desordenadamente quisiera detener la sensación de un inmenso caudal de sangre brotando de el con mis manos, pero aunque lo intente con furia cada vez, no logro cerrarlo.
Estoy partida, no en dos, en millones de pedazos. Estoy íntegramente desarmada, tremendamente lastimada. No recuerdo ningún otro momento en mi vida en el que me haya visto a mí misma en este lugar de tanto desamparo. Es eso, también: desamparo. Y decepción, tristeza, impotencia, desolación, que se yo….Ya fue bronca, rabia, furia. Y antes de todo eso, fue felicidad, alegría, risas, vitalidad. Ya fue y ahora no es.
Es una angustia inconmensurable creo. No puedo medirla, ni apaciguarla, ni contenerla, ni sosegarla, y mucho menos hacer que se esfume. No me queda más que transitarla con paciencia, con sabiduría, tomando de ella lo transformador, atravesarla intentando que ella me haga crecer en algún sentido. No quiero saltarla, ni aplastarla, ni esquivarla.
Por algún motivo que el Universo tiene reservado para nosotros, llegamos a ciertos lugares y hay que proponerse aceptar lo que ocurre, lo que llega, lo que acontece. Aceptación es la palabra indicada, la correcta. 

Deseo con el alma que todo pase ya, que el tiempo lo diluya, lo evapore, se lo lleve lejos. Que vuelvan las sonrisas y las mañanas de sol.

11.12.14

LLORAR

Estoy cansada, tremendamente agotada, como nunca antes en mi vida, de llorar. Sí, de llorar. Día y noche, en cada momento que me detengo unos minutos en el medio del trajín de la vida misma, solo lloro.  Amanezco y lloro. Me ducho y lloro. Mientras me lavo los dientes, lloro. Cuando tomo mate, lloro. Las pocas veces que almuerzo, lloro. Me encierro en el baño de mi trabajo a llorar y hasta lloro en público como si nada y cuando me voy a dormir y estoy sola en mi cama, lloro. Y no quiero llorar más.
No tengo ni hambre, ni ganas de escuchar música, no tengo ganas de hablar, ni de discutir, ni de que nada me importe más. Nunca más. Lo más triste es que esto me afecta solo a mí y vos, ahí seguís, viviendo tu vida como si nada pasara y solo porque yo no lo digo.
Todo duele. Todo. Estoy más lastimada que nunca, que siempre. Estoy herida para siempre. Es absolutamente irreparable, pese a la totalidad: la causalidad, el secreto, la confesión, todas esas imágenes, las madrugadas, las inagotables palabras, los deseos, la magia y esa cantidad enorme de increíbles sensaciones, no hay retorno, no hay vuelta atrás de tantísimo dolor. 
Ya es tarde para todo y también para nada. Para lo que fue y lo que no fue, para lo que podría haber sido y también para lo que no. 
Hace un tiempo escribí (sentí) algo así:  “Quiero vestirme, notar que la textura de mi ropa toca mi cuerpo, me protege, me cuida, me tapa, me vuelve a tapar, a encerrar dentro de mí. No me explico como permití salirme, como me descuidé, lo dejé pasar (…) Solo pienso en eso. Quiero ponerme toda mi ropa ya, desesperadamente, urgente, rápido. Quiero vestirme y salir, irme ya, ya, ya. No puedo esperar más, me ahogo, me ahoga. Voy a volver a entrar. No sé si voy a poder volver a salir. No sé si voy a poder esperar, no sé si quiero esperar.  Lo siento llegar. Todo el tiempo veo el plan frente a mí, lo rozo, me llega su aroma pero no logro adentrarme, no dejo que me atraviese. Sé que quiero, no sé si puedo”.  Y tal vez, debería de haberme quedado adentro pero una vez más salí y puse mi corazón en manos de otro, ya lo había puesto hace mucho tiempo, desde siempre estuvo ahí, en esas manos y otra vez está lleno de hondas heridas, tantas que casi es un hueco enorme.   
No puedo más que llorar, es lo único que me sale hacer cada segundo de estos días. Es una impotencia gigante, la más grande que sentí  jamás. Sé que va a llegar el instante en que dejen de brotar lágrimas de mis ojos, pero mi alma va a sangrar infinitamente, hasta el fin.
Sin embargo, vamos a estar unidos para siempre. Y voy a tener que vivir con eso hasta el último día de mi vida y jamás será un peso ni una carga, siempre será felicidad pura. Siempre será amor. El único, para siempre.

10.12.14

INCONSCIENTEMENTE CIEGO

No sabes cuánto duele que nunca me elijas a mí. Y no es, ciertamente como decís, porque no podes, Es, definitivamente, porque no queres. No hay más excusas, no hay forma de explicarlo más. Estas cegado, no a mí, a todo. Y eso es triste, no para mí, para vos.   
Me cuesta muchísimo creer que no seas consciente de la forma en la que haces pero sé que, increíblemente, no lo sos y también sé que en algún lugar de tu alma esta esa verdad que no logras ver. Esa forma sucia hace que nada ocurra, que nada de lo que deseas, queres, perseguís, buscas, ocurra al fin. Me impresiona inmensamente que te pienses, sientas y veas de la manera diametralmente opuesta a la que sos en este plano, a lo que entregas, a lo que generas. Y lo más triste es que sí es cierto que no podes…pero no hacer, sino ver-lo.  
Tenes una idea muy equivocada del amor, porque aprendiste a amar mal. Y siempre te relacionaste desde ese lugar. No hablo de amor de pareja, hablo de la conexión con todo el puto Universo, de cualquier vínculo de cualquier tipo, de cualquier tenor. Tenes enraizada en el alma esa manera de ser y estar, y en tanto y en cuanto,  no logres identificarla claramente, muy a mi pesar y mucho más  al tuyo, no saldrás jamás al mundo. A ese que es real y en el cual, claro, hay cosas que duelen, lastiman, golpean pero  también hay cosas bellas, puras, sanas y limpias.
El mayor impedimento es que confíes ciegamente en que sí lo ves y actúes desde esa falsa creencia. Y es un esforzado trabajo interno que crees que hiciste y funciono, pero no. Con un tremendo dolor en el alma  debo decirte que no funciono un carajo.  No funciono.
Es angustiante muy lastimosamente para mí, tener que decirte todo esto pero lo hago solo porque yo sí amo bien, con el corazón, con la cabeza, con el alma…desde las más profundas entrañas.
Se perfectamente que si dejo acallado todo esto me sentiré mal con ese silencio por el resto de mi vida y muy probablemente el resto de mis otras vidas también y que si lo digo en voz alta me gano tu odio eterno y solo porque vas a considerarlo un acto envenenado de mi parte cuando en rigor de verdad es el acto de amor más grande de toda la galaxia. Y ahí está otra vez, el problema de tu vida: leer odio donde hay amor y al revés.
No tenes idea cuanto duelen los cachetazos cuando amas bien y sé que no los das con maldad (ni de forma consciente), pero es mucha la impotencia cuando ves un corazón tan inmenso encerrado de esta forma tan cruel. Te lastima más a vos que a cualquier otro ser humano en la Tierra. Te lastima tanto que te hunde más y más. Y como si viera brotar tus pensamientos leyéndome, estoy segura que dirías: que apocalíptica estas hoy!  
Vas a seguir rodeándote de gente que se “acomoda” a tus teorías porque eso te da seguridad y la necesitas para continuar creyendo en lo que crees, que es exactamente lo que NO ES, pero en tu mundo es lo que ES. Miles de amigos y amigas que van a decirte:  siiii, claro el mundo es una mierda, es tan injusto con vos, es increíble que esto te esté pasando. Y yo seguiré siendo la única que dice: sos vos el que se hace esto, sos vos el que se destruye cada día un poquito más.
Yo puedo vivir sin que me elijas, puedo vivir incluso sin que me ames bien,  lo que no puedo es vivir sabiendo que vas a estar así de ciego para siempre, saber que nunca vas a despertarte, que ni en mil años vas a lograr traer a la conciencia esa verdad que esta encarcelada en el fondo de tu alma, de tu corazón.  
  

7.12.14

ANSIEDAD

Hay momentos en los que creo que voy a dejar de respirar. Lo digo en serio. Es algo físico que realmente me ocurre y no es solo una sensación, como si fuera un ataque de pánico. Es ansiedad, creo.
Me desespera. No lo puedo manejar, controlar, domar, detener. Me apabulla, me vuelve loca, me domina por completo. No lo puedo creer, realmente. Estoy impactada, shockeada, patitiesa, paralizada. Nunca antes en mi vida no logré dominar un estado físico de esta calaña. Evidentemente tiene una magnitud desorbitante y mi primer instinto es esfumarme pero no tengo más remedio que hacer un esfuerzo sobrehumano, cerrar los ojos y concentrarme en la idea de paz completa, entera, directa.
Me asaltan una cantidad de sensaciones  tremendamente inmanejables: me quedo sin aliento, se me eriza la piel, me duele la panza, me palpita el pecho, me tiemblan las piernas, me laten los ojos, me vibran las manos, me arden las orejas, se me acalambran los dedos y me pica la cabeza. Quiero gritar pero en silencio. Quiero llorar pero sin lágrimas. Quiero correr pero sin ponerme de pie.
Siento un agobiante encierro en mi misma, como si estuviera atada a algo más grande que toda yo misma, como una fuerza aterradora que me ancla a un lugar abstracto que no logro ver, ni tocar ni oír, pero que esta tan presente en mí que me seria completamente imposible desterrarlo de mi ser.
Creo que así debe sentirse el instante previo a la muerte, el segundo precisamente anterior al final. Tal vez, si pudiera frenar la actividad mental, aunque más no sea un lapso pequeñito de tiempo, podría parar toda esta avalancha de alteraciones físicas que me están atacando.
Algún pedazo de mi alma está intentando salir de algún recóndito espacio o bien alguna parte del alma de alguien más está intentando convivir en ese mismo espacio. Me vibra como algo externo que al mismo tiempo es parte esencial de mi entidad. Creo que en cualquier momento voy a dejar de respirar si no aparece pronto algo que logre detener este estado. Creo que es ansiedad, una inquietud del espíritu poco común. Es verdad. Es real. La siento en el cuerpo, como nunca antes. 

EL MOMENTO

Siempre estuviste en otro momento. A pesar de la inmensa conexión que sentís, que sentimos, que seguimos sintiendo como una especie de imán gigante que nos empuja todo el puto tiempo hacia el centro, siempre estuviste en otro momento….o al menos eso decís.  
Me intriga saber que pasara cuando llegue “el momento”, ese del que siempre hablas. Me intriga bastante y por eso aun sigo acá. Y lo peor o lo mejor es que tengo fe. Sigo creyendo en lo que aún no veo….o si, si veo, de a ratos, detrás de algunas palabras, escondido sutilmente en pequeñas acciones, adentro de mínimos gestos. ¿Lo veo o deseo tanto verlo que lo transformo en una realidad ficticia? Ya no lo sé bien. Y me agota perseguir saberlo. Y también me agota seguir esperando “el momento”.
Es una enorme dualidad, es un fluir constante entre lo peor y lo mejor de mí, es un ir y venir de la luz a la oscuridad sin cesar. De a ratos me siento opaca. Es eso. Opacidad.
No sé cuántas más fuerzas me queden para seguir creyendo con los ojos cerrados, pero al mismo tiempo, necesito seguir creyendo-lo. Estoy en una tremenda encrucijada emocional en la que hay días que intento soltar y dejar que todo ocurra sin más, y otros en los que tengo raptos furiosos de mandar todo a la mierda. Borrar todo, olvidarme de todo, resetearlo, destruir todo lo que construí, soplar el castillo de naipes que tanto esfuerzo me costó mantener en pie durante tantos años.
Dos palabras son las que dividen la construcción de la destrucción. Solo dos palabras y no sé qué va a ocurrir cuando las pronuncie al fin. Nunca encuentro el instante preciso para decirlas en voz alta, clara y firmemente, no porque no sea capaz sino porque estoy intentando evitar volver a caminar por los mismos caminos de dolor y a la vez, deseo fervientemente seguir así paseando por este, a veces, jardín de intervalos felices.
Estoy extasiada o exhausta. Tampoco lo sé muy bien. Cada mañana me despierto y respiro hondamente como si esa fuera una buena forma de continuar dentro de este ciclo interminable de altibajos que me torturan minuto tras minuto de cada uno de mis días.
No estoy del todo segura de cuánto tiempo más pueda resistir el impulso de quitar el velo que hay en todo esto. Lo puedo hacer muy violentamente y no quiero llegar a esos extremos porque presiento que no es el camino correcto, pero me cuesta tanto entregarme al devenir maldito que de repente se impuso entre nosotros.

Hay algo tremendamente inmenso detrás. Es como sentir todo el tiempo algo que está a punto de develarse pero no llega jamás a ser claramente puesto en palabras. Realmente hago un esfuerzo casi sobrehumano por respirar conteniéndome. Es imperativo para mí, cada vez más urgente que “el momento” se asome, se haga presente, se revele y que sea honesto, intenso, bello. Lo sigo esperando como desde la primera madrugada en la que descubrimos que una sola palabra nos iba a mantener unidos por el resto de nuestras vidas.  Lo espero y deseo con el alma tener la fortaleza suficiente para seguir construyendo sin desmoronarme antes de tiempo.
 

6.12.14

UN MAIL

Durante años esto siempre fue lo que quisiste vos. Y no digo que lo hayas hecho a propósito. Fue así. Consciente o inconscientemente fue así. Y ya no puede ser así, nunca más.  

Yo misma me entregue a una dinámica que realmente logro desgastarme por completo, me devasto, me pulverizo y lo que podría haber sido solo felicidad, termina siendo una mezcla amarga entre cierto tipo de compasión, pena, un dejo de amor y muchas lágrimas.

Entregar todo durante tanto tiempo (aun sin que nadie lo pida, aun solo porque sentiste y deseaste vos solo que así fuera) debería ser algo que no tenga chances de terminar mal y sin embargo….está ocurriendo.

En todos estos años, cuantas veces me preguntaste: ¿cómo estás? ¿necesitas algo? ¿como está tu vida? ¿qué te pasa? ¿salimos a tomar algo? ¿queres que nos veamos? Posiblemente, la respuesta sea 0 veces. Si. Un saldo completamente deficitario. Las columnas del debe y el haber están profundamente desequilibradas y una cosa es que sea 60-40 o 30-70 o 80-20 pero jamás puede ser 0-100. No puede volver a ocurrir, no puede ser más, al mismo tiempo que no deja de SER.

Esto siempre fue lo que quisiste vos y yo solo fui detrás, adaptándome a tus estados de ánimo, tus estados sentimentales, emocionales, físicos incluso, etc., etc. y obviamente que lo hice porque quise yo y nadie me obligo, ni vos lo pediste y no me arrepiento de nada de lo que dije o hice, pero hay días que me siento muy muy vacía con respecto a vos. Es muy desigual y eso con el paso de los años, finalmente explota y perdemos los dos, o al menos yo pierdo (no voy a hablar por vos, porque no sé, aunque en el fondo sí creo que vos perdes más que yo y eso no me hace feliz, tampoco).

¿Alguna vez me preguntaste que quiero o que necesito yo? No lo recuerdo.

Y lo peor es que cada vez que te digo lo que siento verdaderamente, lo acomodas como vos queres una vez más, sin leer correctamente lo que digo, sino leyendo lo que mejor te viene según el momento en el que vos estas y no viendo el momento en el que estoy yo. Y aun peor que eso, es que yo siga readaptándome una y otra vez a tus interpretaciones y a tus momentos y no a los míos. ¿Y sabes por qué lo hago? Claro que lo sabes, pero no te animas a decirlo en voz alta. 

No creo que esta dinámica se modifique con el tiempo, porque tristemente yo soy así aunque trate de impedirlo cada vez. Y al mismo tiempo que amo ser así es lo que más me duele. Y no quiero estar acá otra vez cuando pase lo que ya me destruyo una vez. Me voy.  


2.12.14

LA PREGUNTA

Y todo empieza por una pregunta, solo una: ¿realmente quiero hacer esto? A simple vista puede parecer una pregunta sencilla. Y sin embargo, en los últimos tiempos se ha convertido, para mí en la pregunta más difícil de responderme a mi misma. Es insólito pero al mismo tiempo pesado y cada vez duele más. Sobre todo, porque soy yo quien debe responderla y nunca antes me ha costado tanto responderme una pregunta.  
No se si quiero hacerlo. Tal vez no quiero, pero tampoco puedo no hacerlo. Ya no puedo. Es raro, porque soy de las que creen que uno no puede lo que no quiere y que en realidad uno siempre sabe lo que quiere y si quiere puede, como si fuera una formula matemática. No lo es.
Evidentemente tengo un umbral de dolor más alto que el resto de la humanidad, o al menos que la mayoría. Tengo una fina percepción que hace que me ponga con mucha facilidad en el lugar de otros y eso me haga sentir casi exactamente lo que los demás sienten. Pero a veces, incluso eso, es mucho. Demasiado. Y ahí, justo en ese instante es donde viene la pregunta: ¿quiero atravesar esto?  Mas allá de si me lo merezco, lo necesito, lo encontré o lo busque, puedo manejarlo o no, me hace más fuerte o más débil, si me toco, si es lo que debía ser…más allá de todo eso, ¿quiero?
Querer o no es mi dilema, hoy. Mañana, no sé. En principio, la acción de querer podría injerirse que es llanamente voluntaria. Bueno, estoy descubriendo que tal vez no lo es tanto. Y es tan extraño para mi hacer esta afirmación y entonces aparece una pregunta más: ¿Cómo querer algo o no, va a ser algo involuntario? Es ridículo! Heme aquí, diciéndolo…así livianita de cuerpo nomas…que barbaridad! No poder controlar mi propia voluntad es de las peores cosas que he sentido en mi vida. Si, así de tremendo.
Shakespeare ya escribió: ser o no ser, esa es la cuestión. Y aquí la mía: querer o no querer. 

En todo caso, siempre que haya una pregunta abierta, habrá una respuesta que buscar y eso hace que no sea el final. No aun.