7.11.14

AMOR


A veces no hay forma de explicar ciertas cosas. Las palabras no son suficientes ni llenan de ninguna manera la expresión más genuina de una cantidad enorme de sensaciones de instantes tan pequeños como inmensos.
De alguna manera, hay ciertas personas entre las que me incluyo, que podemos mantener algunas clases de vínculos que tienen la increíble capacidad de hacernos al extremo feliz así como al extremo infelices. Dos caras de una misma moneda, dos polos opuestos en un mismo segundo, dos lados de un mismo corazón. 
Quizás muy en el fondo de nuestra alma estamos convencidos que todo decantara en un estado sublime de felicidad infinita, indestructible, tan intenso y fuerte que duele al mismo tiempo que gratifica y exacerba todo lo más increíble de nuestro ser entero. Y si nos detenemos dos segundos a pensarlo fríamente con la cabeza y nos salimos de nosotros mismos, si cambiamos la piel y nos olvidamos de lo que siente el cuerpo, es tan obvio todo lo contrario que verlo así tan claramente aunque de forma breve, nos devasta.
La enorme desilusión de creer equivocado el andar, la dirección, el camino, los pasos dados, las sensaciones sentidas, los impulsos que dejamos fluir, el peso de las palabras dichas, el hondo significado de los silencios… ¿Y…si lo que nuestra sensibilidad nos grita desde el interior es cierto? Aun cuando los argumentos que recibimos en el interactuar diario nos dicen “contundentemente” lo opuesto, aun cuando hay días en que las oraciones formuladas parecieran decir lo contrario…
Es como estar en medio, justo en una línea muy fina entre el cielo y el infierno, entre la verdad y la mentira, entre lo que es y lo que no es…y de repente una respuesta incorrecta puede echar por tierra toda la magia que sentiste un momento antes.
En algún lugar leí: “Entonces le pregunte: ¿Cómo es posible que una misma persona te haga sentir de lo mejor, y al mismo tiempo por cualquier error te haga sentir de lo peor? Me respondió: Se llama amor”

Tal vez, era solo eso, amor. 

1.11.14

LA DECISION

¿Qué es una decisión? ¿Es el resultado de un complejo análisis de muchas variables o es la consecuencia de un impulso?
Yo diría más bien que es la primera opción, pero no siempre. A veces es todo junto y más.
En eso estábamos, en el medio de decidir. Y la verdad es que lo primero que se me viene a la mente es ¿Cuánto y que pesa para decidir una cosa y no otra? ¿Cómo saber de antemano que lo decidido será siempre así? Bueno, no lo sabíamos y no lo íbamos a saber nunca. Lo que sí sabemos (y no es casual el tiempo presente) es que esto será así eternamente. Hasta el mismísimo infinito. Si. Infinitamente.
La duda, la mía, era creer que, tal vez, en el intento de sostener esa especie de inmortalidad de lo que es, nos estábamos perdiendo lo que es AHORA. Cuando la incertidumbre se apodera de mi cabeza a este respecto, pareciera que se acaba mi mundo y que se acabe, de repente, se convierte en un no poder respirar por horas.
Y cuando me pierdo en el camino, y siento que la burbuja está a punto de estallar, me freno y pienso. Cierro los ojos e intento traer las imágenes que deseo como si traerlas las convirtiera en realidad. Y vuelvo para atrás y pienso, me freno y hay una sola cosa que regresa siempre a mi cabeza….bueno, dos. La primera palabra y la causalidad de cada uno de esos momentos que construyeron esto. Todo esto. Esta inmensidad de conexión, de flujo intenso repleto de decisiones no decididas por ninguno de los dos, de palabras no dichas entre todas las dichas.
Es una totalidad tan grande que me hace feliz, pero al mismo tiempo y por momentos, me pesa, me pica, me altera, me ilusiona, me desilusiona, me da risa, cosquillas, alegría, tristeza y me da miedo, mucho miedo. Dejar toda esta enormidad librada a una sola decisión me asusta inmensamente, me aterra.
Esa decisión puede torcer el rumbo correcto, el camino que debe ser, el plan del destino. Una decisión que pretende ser la salida de esta ahogante situación de sensaciones agolpadas intensamente en las puertas de dos corazones hinchados de emociones profundas, puede ser el error más grande cometido jamás. Justo ahí, es donde confío en el Universo más que siempre, en el que le pido con fuerzas que insista tercamente con lo que corresponde, en que enderece los instantes precisos y actúe violentamente y sin piedad arrastrándonos hacia lo que debe ser.
Soy de las que cree que sin un esforzado trabajo no se construye sólidamente y a veces, es mucho más fácil que eso. Es simplemente aceptar lo que la galaxia vino a poner frente a uno, no resistirse y transitarlo fluidamente. Y si solo podemos ACEPTARLO, ¿Qué habría que decidir si ya está decidido, si es y siempre será?