12.8.12

MEZCLADOS

Siempre me ha preocupado el peso de las palabras, su significado, su valor.
Comunicarnos es vital, es parte del vivir permanente, a cada instante y es casi lo primero que aprendemos como forma de tomar del mundo lo que deseamos.
Sin embargo, y pese a la importancia que las simples palabras tienen, evidentemente; no suelen ser valoradas de este modo y se dicen, combinan y mezclan de formas, habitualmente, livianas.
Aquí, hoy, verteré palabras en el intento de contar, relatar, exteriorizar, describir, compartir mis sensaciones, emociones, sentimientos, posibilidades. Las escribiré siendo plenamente consciente de su peso, de su valor.
Hace varios días que floto, sí, floto. No logro sentir el suelo, aunque lo intente, aunque me esfuerce. Me gusta la sensación, pero me aterra, me agarran ráfagas intensas de un miedo desolador, de uno desconocido.
Me re pienso, me voy para adentro, pero no logro tampoco quedarme ahí. Algo, una fuerza extraña, me impulsa hacia el exterior, me obliga a salir, a despegarme de mi fondo. Jamás antes me había ocurrido de no poder controlar esa situación, de no poder gobernarme, contenerme, cuidarme. Jamás antes.
El no control de mis propios impulsos, claro, sí, me asusta, pero por primera vez y al mismo tiempo, me complace, me anima, me hace feliz. Y es una sensación de felicidad única, irrepetible, mágica, especial.
Esta vez, por primera y única vez, me pierdo en intentos por racionalizar el sentir y no puedo, increíblemente no puedo. Racionalizarlo siempre fue mi especialidad, lo que mejor me salía sin esfuerzo, sin buscarlo, y esta vez….zas! ahí ando perdida en emociones irrefrenables.
Siempre me vi como una persona integra, trabajé por ello, quise serlo. Siempre me supe alguien capaz de dar mas que de recibir. Ahora sé que soy más que eso, siento como lo hago, lo que genero, es la primera vez que lo veo ocurrir. Ahora me veo transmitiendo paz, de forma impetuosa, claro. Me reconozco interesante, serena y amable. Sigo siendo audaz, menos en el pensamiento, más en el sentimiento. Contemplo mi alrededor de una manera nueva, distinta, más emotiva. Estoy más lúcida, eso es…y no creo que sea por la edad. 
Creo que sé porque recién ahora lo veo todo, así tan contundente, tan preciso, tan  claro. Me veo en otro, otro que está fuera de mi, alguien más que no soy yo. Ufff, que impresión! Nunca me vi así y me gusta, me gusto más que antes, más que nunca, más que siempre.
Verse con los propios ojos en otro. Verse reflejado de manera, sencilla e increíblemente, perfecta…sin dobleces, sin arrugas, sin marcas, liso y llano, esencialmente puro, entero, completo.
Y el otro esta simplemente ahí, siendo él y es al mismo tiempo, vos. Y lo genial, lo mejor, lo mas lindo, lo mas grande, es que el otro también se ve en vos, igualito, completo también.
Así, los dos viéndonos en el otro, bastándonos, no lo decidimos, pero sin poder evitarlo, nos mezclamos. Nos mezclamos de una manera poco usual, poco común…intensa, incontrolable, no premeditada y absolutamente natural. Como si amalgamarnos de esa manera fuera una sentencia del destino, del universo.
Seguimos siendo dos, pero juntos, somos uno mas. Uno mas grande, una unidad que es mas importante que nosotros mismos,  mas valiosa, mas especial, mas intensa, mas poderosa, más bella. 

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