29.7.12

NO SE


Blanco. Vacío. Amanecí entre lágrimas. No llega a ser tristeza, es angustia, quizás. Una sensación inexplicable, no fea del todo, ni tan bella. Solo brota llanto.
Es un vaivén emocional, es en subida pero también en bajada, sin motivo, sin excusas. Es frio pero también es calor, es un estado gripal, con fiebre y dolor y con ganas de recuperación, de salir al sol.
Tengo sueño o no tengo fuerza. Me pesan los ojos, el estomago me vibra, el corazón me late un poco mas lento, y las manos están frías.  
No estoy segura, ni convencida, ni insegura, ni dudosa. Es una mezcla, un batido extraño, un cumulo, una pila, un montón de sensaciones apiladas.  Es olvido, imposibilidad de recordar, hastío, nostalgia, añoranza, y a la vez, recuerdos, imágenes de momentos, palabras con y sin peso, oraciones sueltas, gestos, miradas.
Son detalles, cosas insignificantes para el resto de la humanidad, vitales para mi mundo, trascendentales en el marco de mis días, en el transcurrir de mis pies por este suelo. 
Es querer sentirlo, es sentirlo, es tocar la piel, es acariciar los poros, vibrar su humedad en la yema de los dedos y al mismo tiempo, son solo las ganas, la intención, la idea de volver a sentirlo, de tocarlo.  
Intento pensarlo y la misma imagen se repite una y otra vez, la busco, no la encuentro. La encuentro, la quiero y no la quiero. La miro y no la veo, la veo sin mirarla. Le pido, le agradezco, le ruego, suplico. Me agacho para sentir el suelo, esta ahí, algo firme, pero me despego, salto  sin volver a caer y vuelo. Me voy, me alejo, lo miro desde lejos. Puedo imaginarlo, es perfecto.
Quiero salir, escapar…caminar por el sol, sentir la luz, que me abrace el calor, estar mejor. Reconocerme las piernas fuertes, marcando el paso con certeza, el mentón hacia el cielo y los brazos a un lado.
Quiero vestirme, notar que la textura de mi ropa toca mi cuerpo, me protege, me cuida, me tapa, me vuelve a tapar, a encerrar dentro de mí. No me explico como permití salirme, como me descuidé, lo dejé pasar. Por breves instantes, la desnudez que me permití me duele, me molesta, me pone en un lugar que me desestabiliza, me desequilibra.
Solo pienso en eso. Quiero ponerme toda mi ropa ya, desesperadamente, urgente, rápido. Quiero vestirme y salir, irme ya, ya, ya. No puedo esperar más, me ahogo, me ahoga.
Escucho su voz, su susurrar, las sonrisas. Escucho sus ojos, su mirada. Me habla, estira sus brazos hacia mí pero no me alcanza. Intenta decirme algo con su cuerpo y creo leerlo pero la señal se torna intermitente. Lo creo fervientemente y lo dudo insistentemente.
Lo extraño, lo necesito. Preciso que me hable, que me diga, que me deje ver, que me ayude a saber, a entender, a creer. Si pudiera volver a tocarlo, lo sabría, sé que lo sabría.
Voy a volver a entrar. No se si voy a poder volver a salir. No se si voy a poder esperar, no se si quiero esperar.  Lo siento llegar. Todo el tiempo veo el plan frente a mí, lo rozo, me llega su aroma pero no logro adentrarme, no dejo que me atraviese. Sé que quiero, no se si puedo. 

21.7.12

DEFINITIVAMENTE

Ahora que pasó tiempo, que las cosas cambiaron de forma y lugar, que se esfumó la espera, que se desvaneció el deseo...todo lo que podría haber escrito hace varios meses, me resuena en la cabeza como algo chato, blando, sinsentido. Fue tan intenso mientras ocurría que ahora que simplemente lo recuerdo, recopilo momentos, me da la sensación de efímero, de bastante menos efervescente de lo que me parecía cuando efectivamente ocurría. Fue intenso sí, pero al mismo tiempo, vacío. 
Es cierto que mi cabeza tiene una flexibilidad poco común, y que soy bastante capaz de irme de un extremo a otro de pensamiento en solo segundos, pero la verdad es que ahora, hoy, en este presente, me hallo tan corrida de aquel lugar que ocupaba por aquel entonces que nada de lo que puedo rememorar de ese juego viejo, me provoca entusiasmo, ni siquiera me excita. Jugué el juego sí, el que yo más sé, el que manejo y lo conseguí, conseguí ganar la partida, pero cuando lo hice, justo en ese mismo instante, me importo un bledo haberlo hecho. Es más, si lo pienso muy fríamente, hasta podría afirmar que trae hacia mi cierto grado de odio. Sí, sí, ya se…hablar de odio es exagerarlo un poco, tal vez. Lo sé. Pero es.
Es raro, bastante raro….no es que me haya dejado de gustar jugar, jugar fuerte apostando duro, yendo al límite, entrando hasta el hueso. No, no pasó eso. Sigo enredada en juegos, en laberintos, en redes complejas, pero…desde un lugar ciertamente bastante distinto.
No lo busqué, no quise que pasara, no lo vi venir tampoco, no me lo esperaba, no lo provoqué, y además de todo eso, tampoco sé como manejarlo, ahora que está acá, que llegó, que se presentó sin más. Me voy a confesar de manera muy adulta pero muy poco responsable: tengo miedo, muchísimo, un temor (casi pánico) que jamás sentí antes. Es un miedo lindo, aunque suene extraño…
Me desconozco, sorprendiéndome de mi misma. Salen sensaciones de mi cabeza y de mi corazón que no pensé que existían en ninguna parte de mi cuerpo. Estoy asustada, cerca de sentir un terror único, pero dispuesta, entusiasmada, dejándome salir, explotar, fluir, transitar….
No sé que esperar de la situación, de mi, del contexto, las circunstancias, del momento, de los días, las horas, de las palabras, las sensaciones, los sentimientos. No sé siquiera qué esperar de mi propio cuerpo, de mi humanidad…esa con la que yo siempre he sabido congeniar tan bien y ha sido mi perfecta cómplice todos estos años.
No sé lidiar con todo esto, no puedo contenerlo, se me escapa, se infla y se desinfla sin avisarme. Me llena el alma y me descubre el costado mas vulnerable, me hace olvidar de lo oscuro y me permite brillar nueva, distinta.
Al contrario de las mil elucubraciones que he hecho en el pasado al respecto de lo que podría pasarme a mi “si…”, nada de lo que pude imaginar, presentir es lo que ocurre, lo que acontece.
Desconozco qué forma tomará, si va a desvanecerse hasta morir o si va a crecer sin detenerse hasta explotar; pero lo que sí sé es que es diferente a todo lo anterior, que es decididamente especial y que me transforma de un modo bueno, sanador.
Me rasco la cabeza y un desasosiego me invade entera por primera vez. Respiro profundo, cierro los ojos y me entrego. Esta vez, algo cambió, algo me dice que es el camino correcto, que lo encontré, que este sí es el destino que tenían reservado para mí. Y hay algo aun mejor, esta vez no solo yo encontré, también me encontraron a mí.
Nunca antes, algo tocó tan profundo en mi espíritu, y por eso, con pavor, miedo, incertidumbre, inseguridad, nervios (todo eso que no me caracteriza de ningún modo) voy a caminarlo. Definitivamente.