11.2.12

ESOS OJOS NUEVOS

Una energía que me venía de algún lugar recóndito me seguía arrastrando sin poder detenerme más y más adentro de un laberinto cargado de una especie de fuego sagrado. Todo me indicaba que el camino era el correcto y ambos sentíamos exactamente a este evento como único e irrepetible.
Odio tener que usar cualquier derivado de la palabra cadena, pero la verdad es que decir que nos hallábamos "encadenados" es la mejor forma de poner en palabras lo que ocurría casi siempre de noche y con una intensidad poco común. Era un hecho, lo dije mil veces y lo diré mil más.
Aquel nuevo límite configurado por esa avalancha de imágenes que sudaban sexualmente cada parte de nuestra esencia en conjunto, llegaba hasta extremos ilimitados que pronto quedarían encerrados en un sinfín de conversaciones que no conducían hacia ningún lugar; y entonces el final se acercaba y nos acechaba la idea de tener que asumirlo.
Detestaba verme atada a un impulso cuasi letal de continuar hasta morir en un suspiro húmedo, pero al mismo tiempo necesitaba salirme urgentemente del instinto ciego de comerme todo a mi paso. Y así, sin esperarlo, llegó el día en el que vi más allá y te vi, simplemente te vi ahí mezclado entre la gente, esa nueva gente y entonces comprendí que había vida en otro cuerpo y en mis venas sentí el calor de la sangre arremolinándose. Otra vez, me hallaba parada frente a unos nuevos ojos que, al principio, miraron tímidamente mi forma de moverme y me hicieron saber sin una sola palabra de por medio que me deseaban con cierta premura, pero también me dejaron ver un dejo de temor a arriesgarse a dejarlo notar.
Nada iba a hacerme soltar del todo las madrugadas unidas por la primera palabra causal que me unió a ÉL, pero mi piel, aquel día, me pidió lanzarme sin pensar hacia esos nuevos ojos, unos que sin mirarme me veían en un solo parpadeo, que escondían detrás de esas pestañas largas un misterio distinto, una intención oculta, unas ganas sensuales. Me entregué, me deje llevar. Iba a volver a empezar a jugar un juego nuevo, a uno que manejo casi a la perfección, uno que me fascina transitar...un ida y vuelta de provocaciones tan idiotas como excitantes. Iba a hacer que esos ojos se rindieran a mis pies sin poder evitarlo, iba a hacerlos estallar con cada premeditado roce y ya me hervía la sangre de solo pensarlo. A mi juego me llamaron y otra vez todo estaba por descubrirse.

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