26.9.12

SIN


Por momentos, siento increíbles raptos de lucidez. Y en otras ocasiones, mis pensamientos son tan confusos que me asustan. Son más de los primeros que de los segundos, por lo general.
Hace un tiempo, no demasiado, creí sentir la verdad, tocarla incluso. La viví, quizás. Me equivoqué. ¿Lo hice? Tal vez no. Simplemente viví conforme con lo que se me reveló, con lo que me dictó mi interior, mi cuerpo, mi alma.
Ahora solo tengo recuerdos, todos lindos, por cierto. Sin cerrar los ojos, puedo ver esos momentos, esos pedacitos de vida, esos trocitos de emoción amontonados, salteados, mezclados, entrecruzados, sueltos y libres.
No hay ni un solo segundo que borraría, que desterraría de ese pasado. No hay un solo instante que quisiera hacer desaparecer para siempre, ni aún lo más triste y ensordecedor del final, del no final, del cierre, del no fin más drástico e inexplicable.
Nunca antes había transitado todos esos estados, y eso ya es algo muy bueno, algo realmente grande, algo que siempre agradeceré, pese a esto, pese a todo. Nunca, en antiguos días, había notado todo lo que había en mí, tanto, tan genuino, tan honesto. Jamás me había visto tan maximizada, tan extremadamente gigante, y mas por dentro que por cualquier otro costado.
A esta altura ya debería de haber dejado de pensar en todo esto, ya tendría que haber erradicado el dolor, la tristeza, la pena…y sin embargo, sigo aquí, sintiendo tanto como las cicatrices no cicatrizan y como aun lastima el recordar.
Juro que volé, mis pies no tocaron el suelo, no lo hicieron. Floté, de verdad lo hice. Fui gigante y pequeñita, casi al mismo tiempo. Lo quise todo todo el tiempo, amé vivir, estar, caminar, respirar, despertar… Desperté, eso fue…y ahora, solo agradezco por lo lindo que se sintió estar con los ojos tan abiertos.  Más allá de la inevitable decepción, la inerte desilusión, la inexplicable desaparición, más allá de todo eso, solo agradeceré.
No me quiero olvidar de nada, no lo haré. No quiero evitar pensarlo, ni volver a sentirlo. No lo haré. No me quiero lamentar por lo que entregué, no lo hare.
Sigo de pie, viva, contenta, orgullosa por lo que fui, por lo que di, por lo que soy, por lo que seré y daré. Entera, feliz, andando caminos con el alma en la mano, con el corazón abierto, en paz. 

12.8.12

MEZCLADOS

Siempre me ha preocupado el peso de las palabras, su significado, su valor.
Comunicarnos es vital, es parte del vivir permanente, a cada instante y es casi lo primero que aprendemos como forma de tomar del mundo lo que deseamos.
Sin embargo, y pese a la importancia que las simples palabras tienen, evidentemente; no suelen ser valoradas de este modo y se dicen, combinan y mezclan de formas, habitualmente, livianas.
Aquí, hoy, verteré palabras en el intento de contar, relatar, exteriorizar, describir, compartir mis sensaciones, emociones, sentimientos, posibilidades. Las escribiré siendo plenamente consciente de su peso, de su valor.
Hace varios días que floto, sí, floto. No logro sentir el suelo, aunque lo intente, aunque me esfuerce. Me gusta la sensación, pero me aterra, me agarran ráfagas intensas de un miedo desolador, de uno desconocido.
Me re pienso, me voy para adentro, pero no logro tampoco quedarme ahí. Algo, una fuerza extraña, me impulsa hacia el exterior, me obliga a salir, a despegarme de mi fondo. Jamás antes me había ocurrido de no poder controlar esa situación, de no poder gobernarme, contenerme, cuidarme. Jamás antes.
El no control de mis propios impulsos, claro, sí, me asusta, pero por primera vez y al mismo tiempo, me complace, me anima, me hace feliz. Y es una sensación de felicidad única, irrepetible, mágica, especial.
Esta vez, por primera y única vez, me pierdo en intentos por racionalizar el sentir y no puedo, increíblemente no puedo. Racionalizarlo siempre fue mi especialidad, lo que mejor me salía sin esfuerzo, sin buscarlo, y esta vez….zas! ahí ando perdida en emociones irrefrenables.
Siempre me vi como una persona integra, trabajé por ello, quise serlo. Siempre me supe alguien capaz de dar mas que de recibir. Ahora sé que soy más que eso, siento como lo hago, lo que genero, es la primera vez que lo veo ocurrir. Ahora me veo transmitiendo paz, de forma impetuosa, claro. Me reconozco interesante, serena y amable. Sigo siendo audaz, menos en el pensamiento, más en el sentimiento. Contemplo mi alrededor de una manera nueva, distinta, más emotiva. Estoy más lúcida, eso es…y no creo que sea por la edad. 
Creo que sé porque recién ahora lo veo todo, así tan contundente, tan preciso, tan  claro. Me veo en otro, otro que está fuera de mi, alguien más que no soy yo. Ufff, que impresión! Nunca me vi así y me gusta, me gusto más que antes, más que nunca, más que siempre.
Verse con los propios ojos en otro. Verse reflejado de manera, sencilla e increíblemente, perfecta…sin dobleces, sin arrugas, sin marcas, liso y llano, esencialmente puro, entero, completo.
Y el otro esta simplemente ahí, siendo él y es al mismo tiempo, vos. Y lo genial, lo mejor, lo mas lindo, lo mas grande, es que el otro también se ve en vos, igualito, completo también.
Así, los dos viéndonos en el otro, bastándonos, no lo decidimos, pero sin poder evitarlo, nos mezclamos. Nos mezclamos de una manera poco usual, poco común…intensa, incontrolable, no premeditada y absolutamente natural. Como si amalgamarnos de esa manera fuera una sentencia del destino, del universo.
Seguimos siendo dos, pero juntos, somos uno mas. Uno mas grande, una unidad que es mas importante que nosotros mismos,  mas valiosa, mas especial, mas intensa, mas poderosa, más bella. 

29.7.12

NO SE


Blanco. Vacío. Amanecí entre lágrimas. No llega a ser tristeza, es angustia, quizás. Una sensación inexplicable, no fea del todo, ni tan bella. Solo brota llanto.
Es un vaivén emocional, es en subida pero también en bajada, sin motivo, sin excusas. Es frio pero también es calor, es un estado gripal, con fiebre y dolor y con ganas de recuperación, de salir al sol.
Tengo sueño o no tengo fuerza. Me pesan los ojos, el estomago me vibra, el corazón me late un poco mas lento, y las manos están frías.  
No estoy segura, ni convencida, ni insegura, ni dudosa. Es una mezcla, un batido extraño, un cumulo, una pila, un montón de sensaciones apiladas.  Es olvido, imposibilidad de recordar, hastío, nostalgia, añoranza, y a la vez, recuerdos, imágenes de momentos, palabras con y sin peso, oraciones sueltas, gestos, miradas.
Son detalles, cosas insignificantes para el resto de la humanidad, vitales para mi mundo, trascendentales en el marco de mis días, en el transcurrir de mis pies por este suelo. 
Es querer sentirlo, es sentirlo, es tocar la piel, es acariciar los poros, vibrar su humedad en la yema de los dedos y al mismo tiempo, son solo las ganas, la intención, la idea de volver a sentirlo, de tocarlo.  
Intento pensarlo y la misma imagen se repite una y otra vez, la busco, no la encuentro. La encuentro, la quiero y no la quiero. La miro y no la veo, la veo sin mirarla. Le pido, le agradezco, le ruego, suplico. Me agacho para sentir el suelo, esta ahí, algo firme, pero me despego, salto  sin volver a caer y vuelo. Me voy, me alejo, lo miro desde lejos. Puedo imaginarlo, es perfecto.
Quiero salir, escapar…caminar por el sol, sentir la luz, que me abrace el calor, estar mejor. Reconocerme las piernas fuertes, marcando el paso con certeza, el mentón hacia el cielo y los brazos a un lado.
Quiero vestirme, notar que la textura de mi ropa toca mi cuerpo, me protege, me cuida, me tapa, me vuelve a tapar, a encerrar dentro de mí. No me explico como permití salirme, como me descuidé, lo dejé pasar. Por breves instantes, la desnudez que me permití me duele, me molesta, me pone en un lugar que me desestabiliza, me desequilibra.
Solo pienso en eso. Quiero ponerme toda mi ropa ya, desesperadamente, urgente, rápido. Quiero vestirme y salir, irme ya, ya, ya. No puedo esperar más, me ahogo, me ahoga.
Escucho su voz, su susurrar, las sonrisas. Escucho sus ojos, su mirada. Me habla, estira sus brazos hacia mí pero no me alcanza. Intenta decirme algo con su cuerpo y creo leerlo pero la señal se torna intermitente. Lo creo fervientemente y lo dudo insistentemente.
Lo extraño, lo necesito. Preciso que me hable, que me diga, que me deje ver, que me ayude a saber, a entender, a creer. Si pudiera volver a tocarlo, lo sabría, sé que lo sabría.
Voy a volver a entrar. No se si voy a poder volver a salir. No se si voy a poder esperar, no se si quiero esperar.  Lo siento llegar. Todo el tiempo veo el plan frente a mí, lo rozo, me llega su aroma pero no logro adentrarme, no dejo que me atraviese. Sé que quiero, no se si puedo. 

21.7.12

DEFINITIVAMENTE

Ahora que pasó tiempo, que las cosas cambiaron de forma y lugar, que se esfumó la espera, que se desvaneció el deseo...todo lo que podría haber escrito hace varios meses, me resuena en la cabeza como algo chato, blando, sinsentido. Fue tan intenso mientras ocurría que ahora que simplemente lo recuerdo, recopilo momentos, me da la sensación de efímero, de bastante menos efervescente de lo que me parecía cuando efectivamente ocurría. Fue intenso sí, pero al mismo tiempo, vacío. 
Es cierto que mi cabeza tiene una flexibilidad poco común, y que soy bastante capaz de irme de un extremo a otro de pensamiento en solo segundos, pero la verdad es que ahora, hoy, en este presente, me hallo tan corrida de aquel lugar que ocupaba por aquel entonces que nada de lo que puedo rememorar de ese juego viejo, me provoca entusiasmo, ni siquiera me excita. Jugué el juego sí, el que yo más sé, el que manejo y lo conseguí, conseguí ganar la partida, pero cuando lo hice, justo en ese mismo instante, me importo un bledo haberlo hecho. Es más, si lo pienso muy fríamente, hasta podría afirmar que trae hacia mi cierto grado de odio. Sí, sí, ya se…hablar de odio es exagerarlo un poco, tal vez. Lo sé. Pero es.
Es raro, bastante raro….no es que me haya dejado de gustar jugar, jugar fuerte apostando duro, yendo al límite, entrando hasta el hueso. No, no pasó eso. Sigo enredada en juegos, en laberintos, en redes complejas, pero…desde un lugar ciertamente bastante distinto.
No lo busqué, no quise que pasara, no lo vi venir tampoco, no me lo esperaba, no lo provoqué, y además de todo eso, tampoco sé como manejarlo, ahora que está acá, que llegó, que se presentó sin más. Me voy a confesar de manera muy adulta pero muy poco responsable: tengo miedo, muchísimo, un temor (casi pánico) que jamás sentí antes. Es un miedo lindo, aunque suene extraño…
Me desconozco, sorprendiéndome de mi misma. Salen sensaciones de mi cabeza y de mi corazón que no pensé que existían en ninguna parte de mi cuerpo. Estoy asustada, cerca de sentir un terror único, pero dispuesta, entusiasmada, dejándome salir, explotar, fluir, transitar….
No sé que esperar de la situación, de mi, del contexto, las circunstancias, del momento, de los días, las horas, de las palabras, las sensaciones, los sentimientos. No sé siquiera qué esperar de mi propio cuerpo, de mi humanidad…esa con la que yo siempre he sabido congeniar tan bien y ha sido mi perfecta cómplice todos estos años.
No sé lidiar con todo esto, no puedo contenerlo, se me escapa, se infla y se desinfla sin avisarme. Me llena el alma y me descubre el costado mas vulnerable, me hace olvidar de lo oscuro y me permite brillar nueva, distinta.
Al contrario de las mil elucubraciones que he hecho en el pasado al respecto de lo que podría pasarme a mi “si…”, nada de lo que pude imaginar, presentir es lo que ocurre, lo que acontece.
Desconozco qué forma tomará, si va a desvanecerse hasta morir o si va a crecer sin detenerse hasta explotar; pero lo que sí sé es que es diferente a todo lo anterior, que es decididamente especial y que me transforma de un modo bueno, sanador.
Me rasco la cabeza y un desasosiego me invade entera por primera vez. Respiro profundo, cierro los ojos y me entrego. Esta vez, algo cambió, algo me dice que es el camino correcto, que lo encontré, que este sí es el destino que tenían reservado para mí. Y hay algo aun mejor, esta vez no solo yo encontré, también me encontraron a mí.
Nunca antes, algo tocó tan profundo en mi espíritu, y por eso, con pavor, miedo, incertidumbre, inseguridad, nervios (todo eso que no me caracteriza de ningún modo) voy a caminarlo. Definitivamente.

12.3.12

SABOR OCULTO


Atrás de esos ojos había un nuevo juego esperando ser jugado, latiéndome en el centro del pecho con cada mirada en exceso. Era eso, excesiva atención puesta solo sobre mí, de una manera inusual, atractiva, feroz.
Escondías algo y me dejabas entreverlo solo cuando vos querías, controlabas absolutamente la situación y eso, lejos de generarme una ira loca, solo me excitaba a borbotones, me provocaba raros pensamientos contradictorios y al mismo tiempo, ganas, ganas a mares de sentirte el sabor oculto.
Todo era una señal, un código, un acertijo. Las palabras envueltas en frases cripticas activaban mi mente de forma instantánea y me invitabas con cada movimiento a seguirte en tus pasos, a ser cuidadosamente sigilosa en mi andar pero pisarte la sombra que destilaba tu despliegue.
Esa especie de contacto amigable era espontaneo, sí; pero además era sutilmente dirigido por cada uno de nosotros. Las intenciones individuales detrás de la complicidad colectiva hacían de cada conversación una danza armónica pero a la vez tensa. Bailábamos a la par sin pisarnos los pies y sentíamos el olor de la cercanía sin estar frente a frente.
El primer tiempo casi no se notó. ¿Perdón? ¿Había “algo” que pudiera notarse? Bueno, justamente, parte del juego era desentender ese “algo”, simular permanentemente que nada de todo eso que pasaba cuando compartíamos tiempo y espacio, ocurría en realidad. Y después, por lo bajo, cada uno con su estilo recogía el guante de la acción no declarada en público.
Cada día era un viaje sinuoso entre el calor al borde del ahogo y la desesperación por rozarnos la piel; y el frío más helado de la autocensura que nos imponíamos. Era desconcertante por momentos, pero en ese desconcierto estaba la gracia. Ahí, justo en esa dualidad que de a ratos era letal, radicaba el genuino impulso que nos empujaba hacia una intimidad mental (en principio mental) que se traspasaba a cada parte del cuerpo cuando nuestros ojos se cruzaban.
Iba a ser un camino largo, un andar histérico fluctuando entre dos polos opuestos, enfrentándonos con nuestras propias objeciones, desandando lo hecho y volviendo a construir frágiles castillos de naipes que de un soplo íbamos a ver caer. Iba a tener que lidiar con dos personas encerradas en un cuerpo, iba a tener que arrastrar esos fantasmas con lo que cargabas, ver rondar las mochilas de tu no pasado y también entregarme al desafío de jugar toda la partida, hasta el final, hasta conseguirlo.    

11.2.12

ESOS OJOS NUEVOS

Una energía que me venía de algún lugar recóndito me seguía arrastrando sin poder detenerme más y más adentro de un laberinto cargado de una especie de fuego sagrado. Todo me indicaba que el camino era el correcto y ambos sentíamos exactamente a este evento como único e irrepetible.
Odio tener que usar cualquier derivado de la palabra cadena, pero la verdad es que decir que nos hallábamos "encadenados" es la mejor forma de poner en palabras lo que ocurría casi siempre de noche y con una intensidad poco común. Era un hecho, lo dije mil veces y lo diré mil más.
Aquel nuevo límite configurado por esa avalancha de imágenes que sudaban sexualmente cada parte de nuestra esencia en conjunto, llegaba hasta extremos ilimitados que pronto quedarían encerrados en un sinfín de conversaciones que no conducían hacia ningún lugar; y entonces el final se acercaba y nos acechaba la idea de tener que asumirlo.
Detestaba verme atada a un impulso cuasi letal de continuar hasta morir en un suspiro húmedo, pero al mismo tiempo necesitaba salirme urgentemente del instinto ciego de comerme todo a mi paso. Y así, sin esperarlo, llegó el día en el que vi más allá y te vi, simplemente te vi ahí mezclado entre la gente, esa nueva gente y entonces comprendí que había vida en otro cuerpo y en mis venas sentí el calor de la sangre arremolinándose. Otra vez, me hallaba parada frente a unos nuevos ojos que, al principio, miraron tímidamente mi forma de moverme y me hicieron saber sin una sola palabra de por medio que me deseaban con cierta premura, pero también me dejaron ver un dejo de temor a arriesgarse a dejarlo notar.
Nada iba a hacerme soltar del todo las madrugadas unidas por la primera palabra causal que me unió a ÉL, pero mi piel, aquel día, me pidió lanzarme sin pensar hacia esos nuevos ojos, unos que sin mirarme me veían en un solo parpadeo, que escondían detrás de esas pestañas largas un misterio distinto, una intención oculta, unas ganas sensuales. Me entregué, me deje llevar. Iba a volver a empezar a jugar un juego nuevo, a uno que manejo casi a la perfección, uno que me fascina transitar...un ida y vuelta de provocaciones tan idiotas como excitantes. Iba a hacer que esos ojos se rindieran a mis pies sin poder evitarlo, iba a hacerlos estallar con cada premeditado roce y ya me hervía la sangre de solo pensarlo. A mi juego me llamaron y otra vez todo estaba por descubrirse.

28.1.12

IMÁGENES VELADAS


Pasaron meses otra vez y los dados aún seguían en el aire, girando y girando con el viento. Nunca sabía bien donde iban a caer, pero donde lo hicieran iba a estar bien para mi....al menos esa era mi intención esta vez. 
Él siempre iba a estar ahí del otro lado y yo siempre iba a entregarme al placer de tenerlo. Sin embargo y aunque las fuerzas del Universo, claramente nos marcaran el camino a seguir, siempre sobre el borde, sobre el final del límite, en eso de excedernos desmedidamente, aparecía la rispidez, el roce no cálido sino distante.
Empezábamos enredados, pensando menos y haciendo más, el calor subía y las palabras quemaban, y así nos llevábamos a otro lugar, uno que no existe, uno lejano en el que sólo él y yo somos....pero después sobrevenía una especie de calma peligrosa, un silencio cortante que helaba el momento y lo hacía desvanecer. 
Pasó una, dos, tres, diez veces y entonces una decisión se hizo necesaria: teníamos que derribar esta nueva pared, saltarla clandestinamente, extinguirla de nuestras mentes, derretirla con nuestro corazón. Era urgente descubrir el otro lado, ver más allá de lo que ya existía, indagar en lo que los cuerpos nos pedían a gritos y sentirlo en la piel como los dos queríamos. A por ello fuimos, y el muro cayó. Ahí estábamos, más desnudos que antes, más vulnerables, más puros aún. Era arriesgado, prometía una intensidad no abordada, conducía posiblemente a un callejón oscuramente mágico, lleno de excitante intriga y misterio que abrumaba. Ibamos a tener que ocultarnos mejor y mezclarnos sutilmente.
Las palabras dejaron de ser solo palabras y aparecieron las imágenes. Una estimulante cantidad de imágenes que siempre habían estado ahí conocían la luz y abrían nuestro nuevo mundo de sensaciones. Seguíamos subiendo en la alocada escala de la locura nocturna que nos encendía y esta vez, el nuevo límite estaba lejos, pero antes de lo esperado esa distancia se volvería cercanía y entonces, aquellos dados al fin caerían en su casilla, caerían con todo el peso de esos números sobre la carta del destino marcado.