3.6.11

FRASES MARCADAS


Las oraciones resaltadas en aquellos escritos resonaban en mi mente de forma peculiar. Las releía lentamente y trataba de encontrar en ellas algún mensaje esclarecedor; buscaba el sentimiento detrás de las palabras, lo no dicho.
Esas frases que en aquel momento habían pasado inadvertidas, hoy cobraban un peso insospechado, un tanto doloroso, y no solo por el error que me comunicaban sino porque me despertaban un instinto nuevo. También me recordaban lo que ya había perdido y no podría recuperar ni por asomo. Eso, increíblemente, me entristecía: saberlo absolutamente perdido.
La madrugada otra vez. Y esas palabras que me herían el corazón, rasgaban profunda y fríamente mi alma, como nunca antes. Añoraba intensamente esas tardes, aquellas noches, las caminatas, los encuentros y también los desencuentros y los gritos.
Hubo tantas palabras, tantas contundentes declaraciones, encriptadas, entremezcladas entre párrafos enteros, pero ahi estaban...¿cómo fue que se me escapó?
Que tremenda culpa cargaba en mis hombros, sentía la presión en mi cabeza y obtusos pensamientos comenzaron a invadirme. Recordé la particular forma de comunicarnos y me sentí feliz en un instante. Floté en el aire, se me estremeció el cuerpo y volví a lagrimear temerosa preguntándome qué podía hacer ahora, cómo regresar, cómo revivirlo, como volver a sentirme así pero ahora siendo consciente de ello.
Era tarde, de noche…y en soledad, escribí…comencé a escribir como poseída, frenética, sin pensar. Lo dije todo, lo puse en un papel, lo documenté, lo saqué todo de mi interior y lo dejé ahí, afuera, a la intemperie, desprotegido, le quité la piel y sin abrigo dormí sobre lo escrito sin releerlo.
Dejaría pasar unos días y con la mente alejada de la emoción del reencuentro con mi pasado, volvería a espiar las palabras que escupí tan honestamente en un arrebato casi de ira, y no con aquel, sino conmigo misma.
Ya estaba lejos, se había ido pero en el papel quedaba lo sentido, ahora y por entonces. Esas palabras siempre me llevarían a esta sensación, al recuerdo de ella. Volvería a posar mis ojos sobre ellas y cada vez me darían una imagen distinta, me traerían una memoria nueva y me abrirían el camino correcto o no, pero marcarían el rumbo, los pasos a seguir.
Sintiéndome indefensa, abandoné el análisis inevitable y me deje ser. La respuesta se me iba a revelar en el momento menos esperado, me guiaría cuando ya no la buscara, me esperaría ella a mí cuando ya no la pensara y a la vuelta de una esquina o caminando bajo el sol, me toparía con la verdad.
No faltaba mucho, presentía la cercanía. Pronto estaría frente a mí y tomaría forma de acción concreta. Lo sabía.

4 comentarios:

  1. Es en esos momentos donde uno debe estar con los ojos bien abiertos y el cuerpo dispuesto a saltar, y la mente a su vez razonando, ojalá, a mil por hora. Pues es esa acción concreta lo que después te llevará al recuerdo... Aunque a veces, hay ke dejar momentos para el instinto y dejar el papel.

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  2. El instinto puede traicionarnos, aunque casi nunca. Con el correr de los post, te enterarás si lo deje solo en el papel o si salté.
    Gracias por el leer y por el comentario. Hay otras entradas viejas que tal vez te gusten tambien.
    Saludos!

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  3. Hola! Muchas gracias por leerme. Me encanta la onda del blog. Fresco y femenino. Me likey! :) Me gusta :D
    Y justo esa que comentaste no es canción. Algunas lo son, pero ese no es el caso!
    Un besote :) Te espero de regreso!

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  4. Gracias! Que bueno quue te haya gustado el blog.
    Por supuesto, pasare de regreso por el tuyo.
    Beso!

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