2.6.11

EL ERROR

Era extraño como lo recordaba. Y recordaba extrañarlo, también. No hacía mucho, entre algún barullo cotidiano, había pensado en él. Cada vez que a mi mente venían aquellas imágenes y el final, me estremecía raramente.
Habían pasado años completos, lo había olvidado de a horas, de a días, con esfuerzo, entre lágrimas; incluso habían tenido que ayudarme a desterrarlo del todo. Fueron meses eternos, los minutos caían a cuenta gotas y nuestra obligada interrelación complicaba aún más el duelo. Sangré, debo decirlo y realmente lo creía superado, pero al volver a sentirlo entre esos recortes del pasado, advertí que éste no era un asunto acabado, que debía rearmarlo para que dejara de sangrar.
Leyendo esas viejas sensaciones, comencé a sentir unas nuevas y entendí que hubiera sido más propicio experimentarlas en aquel momento y no en éste. ¿Cómo me habían podido pasar por alto estos tremendos sentimientos? En todo mi alrededor había declaraciones contundentes, concisas…tan solo un poco teñidas de miedo, pero ahí estaban, ahora, frente a mis ojos y pensaba: ¿Qué estupidez tan inmensa me había cegado de tal manera?
Leyendo de a párrafos largos llenos de oraciones cortas, explorando ensimismada cada página; notaba tras cada renglón el amor que se me había ocultado, el que había dejado que pasara de largo sin siquiera oponer resistencia…y aún peor, sin siquiera percatarme de que ahí estaba, frente a mí, mirándome temeroso pero dispuesto.
No paraba de rebotar entre mis neuronas, atravesando las fibras de mi cerebro y llegando hasta la punta de mis extremidades, un único grito desesperado: ¡que idiota fui…y que cruel!
Me sentí la más mala de todas las malas de la historia, una mujer helada, presa de una soberbia sobrehumana y dañina, perversa, peligrosamente nociva, la maldad encarnada. Había destruido liviamente un corazón y sin que se me mueva un solo pelo, había girado sobre mis propios pasos para desaparecer como si nada. Inconsciente absolutamente del daño causado y creyéndome yo misma la estafada.
Un error cometido…o varios. Uno brutal, al menos. Quise subsanarlo en un solo y atropellado acto sin pensar que ese impulso repentino no sería suficiente. Medité, releí, repensé, escarbé en la profundidad y sin respuestas, simplemente me desesperé.
Estaba perdida. El lastimoso error y la omisión me habían dejado vacía sintiéndome culpable, aun cuando la culpabilidad y el arrepentimiento no son mi estilo.
Me hundí en esos pedazos de pasado y no me separé de ellos hasta encontrar una forma, un método, una manera, un lazo que me permitiera volver y curar.

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