30.5.11

ENTRE MIS DEDOS, ÉL

¡Ahora sí! Frente a mí; una pila interminable de papeles, notitas, servilletas, dibujitos, envoltorios de golosinas, rosas y otras especies de flores secas, hojas de agendas semi rotas, libros olvidados, pedazos de cartulinas de colores, tarjetas con dibujos de los noventa y hasta papiros desgastados; se asomaba intempestivamente.
De entre toda esa cantidad de polvo de colores, no encontraba nada que me llamara particularmente la atención hasta que un reflejo de luz se posó sobre unas frases remarcadas en unos viejos mails, desgastados, amarillentos, con letritas casi invisibles. Una palabra, otra vez, me gritaba desde el papel y no para que la leyera sino para que la volviera a vivir.
Desenvolví prolijamente la cinta que anudaba la montaña de cartas electrónicas y noté que el remitente de esos correos era insistentemente un mismo nombre, y ahí lo recordé. Lo recordé todo. Primero lloré y después me dispuse a leer.
Mientras mis ojos iban y venían por renglones desparejos, pensaba con que fuerza lo escrito te transporta ineludiblemente a esos recónditos lugares que creías ya inexistentes. Avanzaba en la lectura y recordaba con más claridad esos pequeños detalles que en aquellos momentos habían pasado inadvertidos, o hasta incluso ni siquiera habían sido notados en lo absoluto.
Recorría profundamente las frases enlazadas y me internaba con intensidad en otras madrugadas, en aquellas. Cada punto y cada coma me llevaba de viaje hasta él y lo veía entre las letras, lo pensaba, lo olía incluso. Su forma llana y seca de expresarse sin hacerlo, con esas oraciones sencillas pero no por ello menos confusas. Era todo él por donde se lo mirara y esta vez, redescubría mensajes en mi lectura, pequeñeces que no había sabido ver en su momento y me apenaba.
Lagrimeaba tímidamente y de golpe lloraba a mares, me reía a carcajadas y sonreía de refilón, me recostaba sobre mí misma y sentía su abrazo y al mismo tiempo, gritaba por dentro de bronca y angustia. Se acumulaban sensaciones antagónicas entre mis dedos y no tenía deseo de controlarlas, quería que se agolparan todas, asimétricamente y sin pausa.
Me iba a quedar contemplando mi desconcierto por la inesperada reacción ante esos recortes antiguos de una realidad pasada, iba a desentrañar cada memoria para desclavar la espina fría con gusto amargo que había quedado.
No podría volver sobre mis pasos, pero sí podría reeditar entre mis recuerdos para cambiar el presente.

4 comentarios:

  1. Gracias por visitar y por comentar. Espero que puedas leerlo cada tanto y darme tus opiniones!
    Saludos y gracias nuevamente...

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  2. Me encanto, lo comparto demasiado aveces son cosas tan minimas que nos llenan el alma con un gran suspiro que no termina de ser sólo eso.
    Saludos que estes bien y también me gustría seguirte.
    Claudia.

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  3. Gracias Claudia por tus palabras! Me alegra que me leas, espero no defraudarte con mis letras....
    Saludos!

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