19.4.11

DESTINO MARCADO

Las relaciones, a causa de razones que desconocemos, nacen para mutar. Aún cuando la intensidad del vínculo pareciera no agotarse, tarde o temprano, se desvanecen ciertos deseos, ciertas sensaciones, algunas impresiones. Cambia uno, cambia el otro.
Eso nos pasó a nosotros, cambiamos juntos, sin dejar de ser dos y sin dejar de ser uno. Unidos por la causalidad más grande, jamás dejaríamos de amarnos en lo profundo y oscuro de la noche, nunca se terminaría el incansable instinto que nos arrastraba inevitablemente a intentar desgastarnos la piel en cada encuentro; pero algo ya no era igual, algo había cambiado.
Nuestras vidas giraron hacia un lugar que no esperábamos, a un lugar en el que no faltaba nuestro fuego característico pero en el que había algo más, algo que trascendía el deseo, el ardor, la furia por fundirnos…
Una sola madrugada alcanzó para entenderlo todo, para verlo frente a nosotros sin dudar ni un instante, para comprender que nada de lo que había pasado, pasaba y pasaría sería fortuito ni azaroso; supimos que la debilidad del cuerpo y la sensibilidad del corazón no podríamos arrancarla de nosotros, ni ahora ni nunca.
Nos alejamos un tiempo, nos dejamos descansar, nos libramos al destino y él empecinado siempre volvía por nosotros y cada vez que regresaba nos daba más motivos para sabernos juntos y enredados.

Llegamos a un punto límite, a un extremo superior, a un rincón peligroso, riesgoso sitio en el que lejos de ponernos nerviosos, nos sentíamos cómodos, tranquilos y más que nada profundamente encendidos. Hicimos un pacto, uno de esos en los que la carencia de palabras se vuelve la clave para sostener la alianza. El cuerpo hablaba por nosotros, la piel escribía la historia y nuestras manos moldeaban el futuro.
Nunca seríamos un recuerdo, siempre seríamos presente; aún lejos, a pesar del pacto, en la ausencia, en el silencio.
Jamás podríamos escaparnos del destino, ni uno del otro. Presos en libertad seríamos, sometidos al devenir que nos había elegido como protagonistas únicos de la unión inviolable.

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