15.10.11

INEXORABLES

Hace ya demasiado tiempo que debería haberme sentado a escribir justo esto; y ahora es posible que no llegue a ser lo impactante que fue en mi mente en aquel momento en que lo percibí.
¿Qué más da? Ahora lo escribo y ya veremos.  Para hacerlo, me es necesario releer un viejo post: El sueño. Lo hago.
Y ahora sí. Lo había soñado todo y el sueño simplemente se hizo realidad de forma casi inmediata. Algo así como un sueño premonitorio. No era que nunca antes me haya pasado algo similar, solo que cada vez que sucedía, me sorprendía cantidad.
Increíblemente ahí estaba otra vez Él. Sí, sí, sí….Él con mayúsculas y acento. Mi mejor amante, el de la última alucinación nocturna y también el de otras tantas no alucinaciones pasadas, estaba ahí, una vez más enredado entre mis sabanas, reclamando lo suyo: un poco de alocado e intenso sexo y ya. No se lo iba a negar, claro está.
Tan intacto como siempre, desde la piel hasta la mente. Fugaz y duradero, dolorosamente dulce, tan húmedo y caliente que no podía creer que hacía meses enteros y largos que no me entregaba a tanto placer, todo juntito.
Lo extrañé, el sueño me lo dijo; pero lo que no me dijo fue que él también me extrañó, me extrañó horrores, cantidades industriales, mucho.
Y acá viene la mejor parte: aquella abducción a la que él había sido sometido no había cambiado nada. Todo estaba perfectamente en su lugar, en el mismo en el que había quedado la última madrugada. Nadie (y nadie incluye a la responsable de la abducción) había podido correr ni un poco de su lugar a esto que había entre nosotros dos.
Algo completamente distinto, algo mágicamente único, algo. Paraaaa, ¿había algo? Sí, algo que al mismo tiempo es nada; pero cuando no es nada y es algo te aseguro que es el mejor algo que me pasó en la vida.
Soñándolo cuando era ausencia o teniéndolo entre mis brazos, éramos absolutamente inexorables. Siempre íbamos a arder juntos, pegados. No había forma humana de rasgar siquiera el imponente lazo que iba entre él y yo. Ni siquiera con la imaginación podríamos apartarnos, ni tampoco pensarnos algo mejor.
Una vez más, estábamos ahí, solos, juntos, en la oscuridad, entre sabanas; mordiéndonos el alma, desgarrándonos la piel e incendiándonos el cerebro.
Que manera de arder, mis queridos! Inigualable, hoy, y si el Universo así lo sigue queriendo, para siempre.
Otra vez, los dados en el aire y a ver que sale… 

4.9.11

REWIND

¿Será que mi vida estará signada por una acumulación de causalidades? Este viernes iba muy tranquila yo caminando por la calle y de repente, frente a mis ojos sin ser una ilusión óptica, estaba él…aquel que supo ocupar horas enteras de mi adolescencia. La verdad, estaba igualito y yo casi ni lo recordaba, pero ahí estaba mi pasado más remoto frente a mí.
No voy a mentir, nada me pasó por la piel, como si aquello que hace 17 años sentí se hubiera esfumado por completo, como si jamás lo hubiera sentido, como si toda aquella locura excitante que alguna vez vibró en mí por él, no estuviera más en mi corazón, ni siquiera en mi recuerdo.
Pero el punto acá no es el puntual encuentro que el azar me dio hace dos días, sino lo que ese topetazo disparó. Una ola de otros tantos momentos se agolparon entre mis neuronas y empezaron a aparecer imágenes de otros tiempos. Comencé a rebobinar con mi cabeza y surgieron nombres, caras, espacios, lugares, sensaciones, estremecimientos, retazos viejos….antiguos instantes que creía enterrados y que aún estaban en algún lugar escondido de mi historia personal.
Llegué a casa como atolondrada y me puse a buscar frenéticamente todo aquello que me trajera de nuevo o me llevara otra vez desde o hacia esos años felices. No se dan una idea de la cantidad de emociones que vi reconstruidas en un solo segundo, y todas ellas solo lograban arrancarme sonrisas.
Uno jamás se pone a pensar seriamente en todo lo que ha hecho, vivido, pasado desde aquí y hacia atrás. Puede que no tenga sentido alguno hacerlo, ya que el pasado solo es eso, pasado: no se puede revivir, no se puede modificar, ni siquiera se puede recordar con exactitud; pero si se puede releerlo y cada vez que uno vuelve a pasar por un mismo lugar, encuentra insólitamente nuevos mensajes. A esto justamente me refiero: rebobinar en distintas velocidades, llevar y traer las imágenes, entremezclarlas, superponerlas, ponerles stop o darles play puede ayudarnos a ver mejor qué hicimos entonces que hizo que aquellas relaciones no funcionaran, dónde estaríamos ahora si hubieran funcionado o bien saber que ha sido mejor que no funcionaran.
Ya sé, ya sé…es como si pretendiera hacer futurología…y ustedes dirán: “no es posible realizar suposiciones válidas al respecto de las cosas que no sucedieron”; pero yo digo: es posible hacerlas si uno desea, lo que no es posible es tener la certeza de que esas elucubraciones hubieran podido ser exactas.
Me la he pasado maravillosamente rebobinando y aunque no lo crean he descubierto “algo”. No digo que sea una revelación ni nada parecido, pero a mí me ha dado la impresión de ser un dato llamativo: a ellos después de mí les han ocurrido las mismas cosas y a mí después de ellos no me ha ocurrido nada.
Puede que no quede muy claro a lo que exactamente me refiero con “las mismas cosas” y “nada” pero eso ya es tema de otro post que estará por venir.  Por ahora, no está mal que éste relato los impulse a hacer su propio rewind y así redescubrirse en el tiempo.

31.8.11

EL SUEÑO


A ver, pongamos en claro un par de cuestiones.
Él, ese sin furia que creí notar tras unas palabras menos frías que la última vez, no era tal. Una vez más, volvía a caer en el engaño de mi propia mente. Otra vez, sentía que podía remontar lo que no había sido del todo y así volvían a caer en saco roto esas viejas sensaciones con aire a nuevas que no eran lo que parecían. 
Por otro lado, y como la vida no deja jamás de sorprenderte, después de meses, me encontré esta mañana recordando mi sueño más reciente que tenía que ver no con él, sino con aquel otro que había sabido ser mi cuasi alma gemela. Hoy digo “cuasi” porque no es un día para estar completamente segura de nada, ni siquiera de lo que sentí en el alma.
Cuadro de situación: 4.30 am me despierto, y al abrir los ojos apenas tengo un leve recuerdo de haber soñado algo maravilloso, profundamente intenso. Tengo la sensación vívida de haberlo disfrutado plenamente, pero aún no vienen a mis ojos, aquellas imágenes del placer. Me siento en la cama, y casi sin despabilarme por completo, lo veo todo, de golpe. Sí señoritos y señoritas, he tenido una caliente alucinación nocturna con aquel que supo ser mi mejor amante.
Hasta acá, nada sería verdaderamente sorprendente, pero hete aquí, que aquel buen señor ya no forma parte de mi vida hace ya largos ocho meses. Claro está que no ha desaparecido de ella por propia voluntad (me refiero a MI propia voluntad, ja.) sino que ha sido abducido por otra señorita que lo ha sabido enamorar. No menciono lo de la abducción como algo negativo del todo, pero tampoco lo quisiera dejar pasar como un dato menor. Una cosa es que vos comiences una bella relación y otra muy distinta es que cortes otras relaciones por un ser humano nuevo en tu vida a quien no solo preferís entregarle tu corazón sino que además les has entregado ya la totalidad de tus pensamientos. No es que esté mal enamorarse, sino que lo que me parece realmente desatinado, es abandonar tus antiguas costumbres tan solo por enamorarte.
No importa cómo y por qué aquel muchacho hermoso de cuerpo y alma ha abandonado mi cama; lo verdaderamente importante aquí es que esta misma noche ha regresado a ella aunque no de forma presencial. No es que haya sido un sueño perturbador ni mucho menos, pero me genera, al menos, cierta inquietud, el hecho de que en el transcurrir onírico no solo estuviéramos involucrados él y yo, sino también la señorita antes mencionada como la responsable de la abducción.
Me pregunto si haberlo traído a mi mente, aunque mas no sea de forma virtual, no será una señal, un llamado de atención, un mensaje subliminal de mi cerebro, una intención sosegada pero que aún sigue hecha carne en mí….Me pregunto si no debería intentar descubrir su significado, profundizar en su interpretación o tan solo olvidarme que ese lindo sueño vino a mí y seguir con mis días como que “aquí no ha pasado nada”.
Tentada entre ponerme a buscar frenéticamente por Internet lo que las imágenes de mi sueño podrían llegar a delatar y hacerme la gila al natural; decido más bien ponerlos a todos ustedes al tanto de toda esta cuestión entreverada. Claro está, muy así…por arriba… ¿contarles el sueño? No podría…y no por mala, sino por su alto voltaje erótico; no es que me de vergüenza, pero prefiero mantenerlo oculto hasta descularlo, entenderlo del todo y más que eso… en realidad, desearía volver a soñarlo o tal vez continuar soñándolo.
Soñarlo me ha hecho recordar-lo; vibrante, tan pegado a mí en aquellas noches encendidas, entremezclados deseándonos aun teniéndonos.
Soñarlo ha sido revivir mi temporada en el infierno, junto a aquel hombre, mi mejor amante, mi más amigo, mi Diablo a domicilio. Soñarlo ha sido volverlo a vivir y vivirlo a él siempre es un deleitoso placer de dioses, un ardiente resurgir de una pasión impregnada a fuego como pocas.
Quizás solo lo extraño y debería llamarlo. Quizás no, pero como sea, y como he dicho tantas otras veces antes, él siempre estará en mí, adentro, profundo, intenso, tatuado en mi alma.   

4.7.11

ÉL

Mientras me disponía a continuar mi historia con aquel de las frases marcadas, ocurrió lo inesperado. Nuevamente, una causalidad se posó frente a mí. Vi su nombre iluminado en mi computadora y no era irreal…estaba ahí.
Habían pasado años, algunos o tal vez muchos, no podría cuantificarlos con exactitud, pero de repente tras la relectura sucedió lo que sabía que pasaría: se me impuso la respuesta, sin buscarla.
Tiré un tímido "Hola" y creyendo que no encontraría devolución, se me apareció una charla completa adosada a una promesa. Vagamente dejó salir algo de eso que jamás había dejado escapar antes y lo puso en una frase que sin saberlo él, me decía mucho más que lo meramente literal.
En una sola frase, pequeña y acotada, lo volví a ver como la primera madrugada y eso me permitía creer que existía algo de luz en lo que había sabido ser tan oscuro durante tanto tiempo.
Del otro lado, volvía a estar él, el primero, él, despojado del enojo, de la furia de la última vez.

3.6.11

FRASES MARCADAS


Las oraciones resaltadas en aquellos escritos resonaban en mi mente de forma peculiar. Las releía lentamente y trataba de encontrar en ellas algún mensaje esclarecedor; buscaba el sentimiento detrás de las palabras, lo no dicho.
Esas frases que en aquel momento habían pasado inadvertidas, hoy cobraban un peso insospechado, un tanto doloroso, y no solo por el error que me comunicaban sino porque me despertaban un instinto nuevo. También me recordaban lo que ya había perdido y no podría recuperar ni por asomo. Eso, increíblemente, me entristecía: saberlo absolutamente perdido.
La madrugada otra vez. Y esas palabras que me herían el corazón, rasgaban profunda y fríamente mi alma, como nunca antes. Añoraba intensamente esas tardes, aquellas noches, las caminatas, los encuentros y también los desencuentros y los gritos.
Hubo tantas palabras, tantas contundentes declaraciones, encriptadas, entremezcladas entre párrafos enteros, pero ahi estaban...¿cómo fue que se me escapó?
Que tremenda culpa cargaba en mis hombros, sentía la presión en mi cabeza y obtusos pensamientos comenzaron a invadirme. Recordé la particular forma de comunicarnos y me sentí feliz en un instante. Floté en el aire, se me estremeció el cuerpo y volví a lagrimear temerosa preguntándome qué podía hacer ahora, cómo regresar, cómo revivirlo, como volver a sentirme así pero ahora siendo consciente de ello.
Era tarde, de noche…y en soledad, escribí…comencé a escribir como poseída, frenética, sin pensar. Lo dije todo, lo puse en un papel, lo documenté, lo saqué todo de mi interior y lo dejé ahí, afuera, a la intemperie, desprotegido, le quité la piel y sin abrigo dormí sobre lo escrito sin releerlo.
Dejaría pasar unos días y con la mente alejada de la emoción del reencuentro con mi pasado, volvería a espiar las palabras que escupí tan honestamente en un arrebato casi de ira, y no con aquel, sino conmigo misma.
Ya estaba lejos, se había ido pero en el papel quedaba lo sentido, ahora y por entonces. Esas palabras siempre me llevarían a esta sensación, al recuerdo de ella. Volvería a posar mis ojos sobre ellas y cada vez me darían una imagen distinta, me traerían una memoria nueva y me abrirían el camino correcto o no, pero marcarían el rumbo, los pasos a seguir.
Sintiéndome indefensa, abandoné el análisis inevitable y me deje ser. La respuesta se me iba a revelar en el momento menos esperado, me guiaría cuando ya no la buscara, me esperaría ella a mí cuando ya no la pensara y a la vuelta de una esquina o caminando bajo el sol, me toparía con la verdad.
No faltaba mucho, presentía la cercanía. Pronto estaría frente a mí y tomaría forma de acción concreta. Lo sabía.

2.6.11

EL ERROR

Era extraño como lo recordaba. Y recordaba extrañarlo, también. No hacía mucho, entre algún barullo cotidiano, había pensado en él. Cada vez que a mi mente venían aquellas imágenes y el final, me estremecía raramente.
Habían pasado años completos, lo había olvidado de a horas, de a días, con esfuerzo, entre lágrimas; incluso habían tenido que ayudarme a desterrarlo del todo. Fueron meses eternos, los minutos caían a cuenta gotas y nuestra obligada interrelación complicaba aún más el duelo. Sangré, debo decirlo y realmente lo creía superado, pero al volver a sentirlo entre esos recortes del pasado, advertí que éste no era un asunto acabado, que debía rearmarlo para que dejara de sangrar.
Leyendo esas viejas sensaciones, comencé a sentir unas nuevas y entendí que hubiera sido más propicio experimentarlas en aquel momento y no en éste. ¿Cómo me habían podido pasar por alto estos tremendos sentimientos? En todo mi alrededor había declaraciones contundentes, concisas…tan solo un poco teñidas de miedo, pero ahí estaban, ahora, frente a mis ojos y pensaba: ¿Qué estupidez tan inmensa me había cegado de tal manera?
Leyendo de a párrafos largos llenos de oraciones cortas, explorando ensimismada cada página; notaba tras cada renglón el amor que se me había ocultado, el que había dejado que pasara de largo sin siquiera oponer resistencia…y aún peor, sin siquiera percatarme de que ahí estaba, frente a mí, mirándome temeroso pero dispuesto.
No paraba de rebotar entre mis neuronas, atravesando las fibras de mi cerebro y llegando hasta la punta de mis extremidades, un único grito desesperado: ¡que idiota fui…y que cruel!
Me sentí la más mala de todas las malas de la historia, una mujer helada, presa de una soberbia sobrehumana y dañina, perversa, peligrosamente nociva, la maldad encarnada. Había destruido liviamente un corazón y sin que se me mueva un solo pelo, había girado sobre mis propios pasos para desaparecer como si nada. Inconsciente absolutamente del daño causado y creyéndome yo misma la estafada.
Un error cometido…o varios. Uno brutal, al menos. Quise subsanarlo en un solo y atropellado acto sin pensar que ese impulso repentino no sería suficiente. Medité, releí, repensé, escarbé en la profundidad y sin respuestas, simplemente me desesperé.
Estaba perdida. El lastimoso error y la omisión me habían dejado vacía sintiéndome culpable, aun cuando la culpabilidad y el arrepentimiento no son mi estilo.
Me hundí en esos pedazos de pasado y no me separé de ellos hasta encontrar una forma, un método, una manera, un lazo que me permitiera volver y curar.

30.5.11

ENTRE MIS DEDOS, ÉL

¡Ahora sí! Frente a mí; una pila interminable de papeles, notitas, servilletas, dibujitos, envoltorios de golosinas, rosas y otras especies de flores secas, hojas de agendas semi rotas, libros olvidados, pedazos de cartulinas de colores, tarjetas con dibujos de los noventa y hasta papiros desgastados; se asomaba intempestivamente.
De entre toda esa cantidad de polvo de colores, no encontraba nada que me llamara particularmente la atención hasta que un reflejo de luz se posó sobre unas frases remarcadas en unos viejos mails, desgastados, amarillentos, con letritas casi invisibles. Una palabra, otra vez, me gritaba desde el papel y no para que la leyera sino para que la volviera a vivir.
Desenvolví prolijamente la cinta que anudaba la montaña de cartas electrónicas y noté que el remitente de esos correos era insistentemente un mismo nombre, y ahí lo recordé. Lo recordé todo. Primero lloré y después me dispuse a leer.
Mientras mis ojos iban y venían por renglones desparejos, pensaba con que fuerza lo escrito te transporta ineludiblemente a esos recónditos lugares que creías ya inexistentes. Avanzaba en la lectura y recordaba con más claridad esos pequeños detalles que en aquellos momentos habían pasado inadvertidos, o hasta incluso ni siquiera habían sido notados en lo absoluto.
Recorría profundamente las frases enlazadas y me internaba con intensidad en otras madrugadas, en aquellas. Cada punto y cada coma me llevaba de viaje hasta él y lo veía entre las letras, lo pensaba, lo olía incluso. Su forma llana y seca de expresarse sin hacerlo, con esas oraciones sencillas pero no por ello menos confusas. Era todo él por donde se lo mirara y esta vez, redescubría mensajes en mi lectura, pequeñeces que no había sabido ver en su momento y me apenaba.
Lagrimeaba tímidamente y de golpe lloraba a mares, me reía a carcajadas y sonreía de refilón, me recostaba sobre mí misma y sentía su abrazo y al mismo tiempo, gritaba por dentro de bronca y angustia. Se acumulaban sensaciones antagónicas entre mis dedos y no tenía deseo de controlarlas, quería que se agolparan todas, asimétricamente y sin pausa.
Me iba a quedar contemplando mi desconcierto por la inesperada reacción ante esos recortes antiguos de una realidad pasada, iba a desentrañar cada memoria para desclavar la espina fría con gusto amargo que había quedado.
No podría volver sobre mis pasos, pero sí podría reeditar entre mis recuerdos para cambiar el presente.

ESA MAÑANA

No es que con anterioridad me hubiera sentido pesada, pero esa mañana que desperté con futuro incierto, me sentí particularmente liviana. Lo había logrado, mi mente estaba en blanco, sí… en blanco por completo, como una hoja limpia y clara, dispuesta a ser dibujada o escrita otra vez.
Claro está que ese no-pensamiento me aterrorizaba, pero al mismo tiempo sentía cierto entusiasmo…uno no muy contundente, pero bastaba, alcanzaba para recomenzar.
El pasado inmediato no llegaba a ser pasado del todo, pero tampoco era presente, ni siquiera lo presentía como una circunstancia, era más bien como un halo que me cubría y me daba cierto toque de extravagancia. Bueno no, no era nada exótico a los ojos de los demás, pero de alguna manera, yo me sentía más sexy…sí señores, aún más que antes, modestia aparte, claro.
Quería viajar alocadamente, traspasar paredes, correr a toda marcha cruzando la ciudad entera, perderme en el alcohol bebiendo hasta morir, tener sexo desenfrenado con cada hombre apuesto del planeta Tierra, aprender a tocar la batería, practicar un deporte extremo, volar con un paracaídas colgado de mis hombros…quería explorarlo todo.
Sin embargo y pese a las ansías desprolijas y a las extremas intenciones de cada uno de mis poros, el aprendizaje de la última batalla me remitía a espinas anteriores. Fue entonces esa mañana que me senté en calma y busqué viejos retazos, ínfimas partes de antiguos momentos. En algún lugar debía de tenerlos guardados, solo era cuestión de excavar lo suficiente como para visualizarlos, traerlos a mí y volver a mirarlos. Ya no los vería con aquellos ojos, sino con estos.
Esa relectura que el cuerpo me pedía tendría un motivo, una razón, una intención oculta… o no, pero debía hacerlo.
Ya no era de madrugada, el cielo estaba claro, casi sin nubes, asomaba el sol allá en el borde y yo seguía sentada, sin luces encendidas inmersa en una búsqueda frenética de lo pendiente. Tarde o temprano lo encontraría… ¿qué buscaba exactamente? No lo sé, pero cuando lo encontrara sabría por qué.

29.5.11

PUNTO APARTE

Empezar a escribir acerca de una experiencia vivida, tal vez sea una manera de plasmar la necesidad de cerrarla, de ponerle un final definitivo, de documentarla para releerla y darse cuenta que se ha acabado.
Haber descubierto una nueva forma de conectarse con otro, así…de la nada, de repente, sin previo aviso; en principio es movilizador y más tarde, uno simplemente camina sin pensar bien los pasos y las cosas se suceden estrepitosamente sin que puedas detenerte a contemplarlas.
Pasado un tiempo, con la efervescencia diluida por el propio acontecer y las hormonas más en calma, reflexionar se vuelve una tarea más sencilla y es justo en ese punto en donde lo milagroso de la causalidad casual se pone en duda, se cuestiona. Sin embargo, en este caso en particular, el aprendizaje supero al enigma: esta vez, esta aventura no fue sometida por mi mente a ningún proceso tortuoso de insistente interrogatorio; había ocurrido y ya. Punto. Punto aparte.
Ahora sí, habiendo dado vuelta una página preciosísima del vivir, ya estaba lista para, desde una nueva perspectiva al respecto de las relaciones humanas, enfrentar pendientes pasados y prósperos futuros. Ahí estaba, renovada, feliz, queriendo salirme de mí para, así envalentonada como estaba, comerme el mundo entero, deleitarme en él, saborearlo con ganas, como si por primera vez saliera a conocerlo.
Una sola palabra me abrió un sinfín de posibilidades y la experiencia me sumó herramientas para abordarlas, así que solo era cuestión de salir a respirar aire fresco de forma liviana, sutil, no esperando nada y dejando que el destino me pegue una arrebatada sorpresa.
Arremolinada de energía, llena, sintiéndome absolutamente plena, me entregué al devenir del tiempo y me libré a la adrenalina que te da lanzar una vez más los dados al viento para que me devuelvan un nuevo paño en el que jugar.

25.5.11

CASI REAL

Pensar…y escribir acerca de una sensación que está lejos sin dejar de estar cerca, no solo es difícil sino que además es una experiencia repleta de incertidumbre, de duda y hasta de un toque de intriga.
En la distancia habíamos descubierto el cambio, la mutación. En la cercanía lo habíamos aprendido y enseñado.
Siempre mantuvimos una interrelación pareja, equilibrada en todo sentido, por todos los costados. Empapados de extrema pasión nos admiramos desde la primera causalidad, y transitamos las horas sin contarlas, sin medirlas.
Ser otros, nuevos, no significaba ser distintos; éramos los mismos pero estábamos recubiertos de una nueva energía, un matiz intenso que nos inundaba la vida entera. Ahora sí, estábamos listos para continuar, renovados…pero ya no juntos.
El encuentro de nuestras almas nos había puesto en un lugar más alto, más brillante. El ciclo había acabado, era tiempo de dar vuelta la página y continuar sin nosotros como uno; era tiempo de estar solos. Así lo hicimos, finalmente nos alejamos del todo.
Lo que se había terminado no era una historia, sino solo una experiencia, una forma de transitar, una manera de vivir una cantidad enorme de sensaciones desconocidas.
Una estrepitosa causalidad nos había unido, y una serie de causalidades posteriores nos había enfrentado a una realidad distinta; construimos pedazos de vida a través de secretos y complicidad; caminamos en la oscuridad de la mano entre llamas intensas, atravesamos obstáculos densos; nos fundimos noche tras noche en inolvidables ardores profundamente incandescentes; descubrimos un nuevo adentro y nos traspasamos enteros.
La palabra que nos había puesto frente a frente aún estaba entre nosotros y jamás dejaría de estarlo. Habíamos asumido el riesgo de dejarnos llevar por lo innegable y las madrugadas nos vieron desgarrarnos sin control. Había sido intenso, ardiente, por momentos clandestino, sin dudas un viaje mágico a nuestro interior, contundentemente extremo, deliciosamente peligroso…casi real.

21.5.11

NUEVOS OTROS

Cuando finalmente uno toma distancia de esa clase de relaciones tan intensas que agobian, puede leer mejor los mensajes y comprender más acabadamente las señales.
Ésta no había sido una distancia obligada, ni requerida, ni forzada; sino como todo en nuestro camino había ocurrido sin más, de repente, sin pedir permiso, fluyó, se dio, apareció ahí entre nosotros. A lo lejos no estábamos mejor, pero tampoco peor. Se sintió la ausencia, pero con el transcurrir se diluyó la sensación de vacío y se instaló una nueva: admiración. Sí, eso pasaba, nos admirábamos, aún sin contacto físico; estábamos lejos pero nos sabíamos juntos, dispuestos, alertas, siempre preparados para la acción.
Los encuentros ardientes se alejaron en el tiempo y el espacio, pero curiosamente nuestras almas jamás dejaron de estar unidas. Hubo entrecruces difíciles, fuertes intercambios de opiniones, diferencias abismales y hasta gritos sórdidos; sin embargo, siempre estuvimos el uno para el otro.
Llegado a este punto, habíamos arribado a un escalón que verdaderamente desconocíamos, no tenía definición, rótulo ni etiqueta. Muchas preguntas se agolpaban en nuestras mentes y calladamente y cada uno por su lado tratábamos de resolver el enigma, el profundo misterio que nos había marcado el camino desde la primera vez.
Un día, uno no muy particular, apareció una nueva respuesta, que no era una sino un conjunto de consecuencias reales en nuestra vida: una forma de mirar distinta, un nuevo estilo para transitarla…simplemente habíamos crecido. Crecer significaba haber aprendido a superarnos y no en la presencia, sino más bien en la ausencia.
De pronto, había dos situaciones reveladas: primero, nuestro destino se imponía y era contundente, imperativo; y segundo, comprendimos al fin que no era amor, ni enamoramiento ni nada que se le parezca lo que entre nosotros fluía. Simplemente no lo era, y tampoco lo sería, ni ahora ni nunca. Era algo más, algo que lo trascendía, algo que estaría siempre por delante de todo, algo más primitivo, pero aún más complejo que el amor.
Seguimos distanciados un tiempo largo, lo bastante largo como para que creer que nos habíamos olvidado ya el uno del otro. La lejanía física y el no encuentro se perpetuaron y sin más seguimos conectados, insólitamente conectados.
No estábamos juntos, pero jamás dejamos de vernos.
Varias preguntas se nos habían aclarado y otras tantas seguían en pie. El misterio mayor siempre sería un enigma, pero había algo que nos iba a quedar para siempre: habernos convertido en otros.

23.4.11

REAL/IRREAL INTIMIDAD


Desde el principio supimos que no había sido el azar el responsable del encuentro, sino el más evidente destino de nuestro acontecer mundano.
Nos quemamos sin pausa en cada roce, nos fundimos al ritmo de cada latido y nos entregamos a placeres extremos nunca antes abordados, nos degustamos ardiendo en cada madrugada. Nos dimos tiempo, nos leímos el alma y fuimos secretos cómplices de un cumulo de sensaciones que se agolparon en la puerta de nuestra vidas.
Hay algo que era innegable, que se imponía: éramos un solo ser en dos cuerpos; que tarde o temprano, abandonaríamos. Compartíamos más que la vida, más que el transcurrir en una circunstancia…o en varias y siempre sería así; pero los días, los meses, las horas juntos o en soledad nos alejaron de forma cuasi definitiva, nos alejaron físicamente.
La distancia no rompió el lazo, no quebrantó el fuego, ni menguó el ardor…pero sí hizo manar entre nosotros un conjunto de sentimientos nuevos, una brecha que no era insalvable pero sí incómoda. Empezaron a suceder una serie de episodios extraños, complejos y no en un sentido benevolente sino más bien en uno desconocido.
Nos transformamos en un par de íntimos desconocidos, dos perfectos extraños, solo dos en uno que se sabían en el otro pero que chocaban sin sentido, sin razón, por motivos tontos. Íbamos y veníamos, enredados entre discusiones desparejas y ardientes estallidos de húmedos contactos.
Más escarbábamos en lo hondo de nuestras aspiraciones y más enfrentados terminábamos, sin dejar de desearnos en cada mirada. Por primera vez estábamos confundidos del todo, mareados y no de excitación.
Aparecieron nuevas preguntas, interrogantes existenciales, y dudas profundas. Nos atormentaba una incertidumbre mayor, que asustaba, que involucraba nuestra vida toda, que tenía estrecha relación con nuestro existir.
¿Todo había sido real, tan real como lo sentimos con la piel? La respuesta al interrogante llegaría, pero aún no era el momento.

19.4.11

DESTINO MARCADO

Las relaciones, a causa de razones que desconocemos, nacen para mutar. Aún cuando la intensidad del vínculo pareciera no agotarse, tarde o temprano, se desvanecen ciertos deseos, ciertas sensaciones, algunas impresiones. Cambia uno, cambia el otro.
Eso nos pasó a nosotros, cambiamos juntos, sin dejar de ser dos y sin dejar de ser uno. Unidos por la causalidad más grande, jamás dejaríamos de amarnos en lo profundo y oscuro de la noche, nunca se terminaría el incansable instinto que nos arrastraba inevitablemente a intentar desgastarnos la piel en cada encuentro; pero algo ya no era igual, algo había cambiado.
Nuestras vidas giraron hacia un lugar que no esperábamos, a un lugar en el que no faltaba nuestro fuego característico pero en el que había algo más, algo que trascendía el deseo, el ardor, la furia por fundirnos…
Una sola madrugada alcanzó para entenderlo todo, para verlo frente a nosotros sin dudar ni un instante, para comprender que nada de lo que había pasado, pasaba y pasaría sería fortuito ni azaroso; supimos que la debilidad del cuerpo y la sensibilidad del corazón no podríamos arrancarla de nosotros, ni ahora ni nunca.
Nos alejamos un tiempo, nos dejamos descansar, nos libramos al destino y él empecinado siempre volvía por nosotros y cada vez que regresaba nos daba más motivos para sabernos juntos y enredados.

Llegamos a un punto límite, a un extremo superior, a un rincón peligroso, riesgoso sitio en el que lejos de ponernos nerviosos, nos sentíamos cómodos, tranquilos y más que nada profundamente encendidos. Hicimos un pacto, uno de esos en los que la carencia de palabras se vuelve la clave para sostener la alianza. El cuerpo hablaba por nosotros, la piel escribía la historia y nuestras manos moldeaban el futuro.
Nunca seríamos un recuerdo, siempre seríamos presente; aún lejos, a pesar del pacto, en la ausencia, en el silencio.
Jamás podríamos escaparnos del destino, ni uno del otro. Presos en libertad seríamos, sometidos al devenir que nos había elegido como protagonistas únicos de la unión inviolable.

7.4.11

ILIMITADA PASION

Volver a escribir acerca de una historia sin límites, habiendo dejado enfriar el cuerpo, no lo hace menos complejo. Intentar poner en palabras lo que la piel impregna en el alma es una tarea mínimamente titánica.
Los meses de descontrolada pasión continuaron sin cesar en intensidad y por momentos, hasta se acrecentaron las ganas irrefrenables de saborearnos enteros, degustarnos, gastarnos a media luz, dejándonos llevar hacia lugares jamás explorados.
La fortuita causalidad que frente a nuestros ojos se presentó un día inició una sucesión de hechos que aún hoy no termina; se desinfla por instantes, pero renace con más fuerza en cada encuentro casual o premeditado. Del azar a la complicidad que vio surgir el secreto y de ahí a la intimidad menos esperada; a una que enciende en el centro del corazón una llama inextinguible.
La noche siempre era nuestro refugio más preciado, nuestra tercera pata en una relación que rozaba la clandestinidad. Y ocultos en el lugar más prohibido del deseo nos derretíamos excitándonos hasta los extremos más insospechados.
Toda esta alianza espontánea que vimos crecer sin detenerse nos colocó en un lugar que jamás podría ser violado por ningún otro mortal. Este pedazo de vida sería solo nuestro hasta el final y sentirnos unidos de esta forma tan contundente nos transformaba en un solo ser, un solo cuerpo con dos almas fundidas que desde siempre estaban destinadas a acoplarse.
Por ínfimos momentos, el ardor menguaba pero el peso de querernos con locura lo reencendía sin mediar palabras. Mirarse a los ojos escondidos en el silencio y leernos el alma nos hacía fuertes, invencibles….
Estábamos seguros de una cosa: ésta sería una unión que nadie podría comprender y siempre seríamos amigos-amantes; aun cuando quisiéramos evitarlo, aunque nos resistiéramos, aunque estuviéramos lejos….solos o acompañados.
Sin embargo y pese a las preciosas alas que nos daban la nobleza del vínculo, el destino natural de las relaciones humanas es mutar….para bien o para mal, para mejor o para peor.
¿Hacia dónde nos habrá arrastrado a nosotros?