5.12.10

COMPLICES OCULTOS

Cuando el Universo se te presenta de forma tan clara y contundente, puede asustarte, intimidarte, acorralarte…podes sentirte confundido, mareado, indeciso...podes querer detenerlo con la mente, frenar el acontecer, apaciguar el transcurrir, calmar la sensación, sosegar el sentimiento y aun así, haciendo los más grandes esfuerzos por controlarlo, el destino se torna inmanejable y no queda opción: entregarse.
Así estábamos tras la confesión, entregados por completo al sobrevenir de los momentos, entregados hasta el fin.
Traspasar ese delgado límite de poner en palabras lo que el corazón sentía desde la primera vez, nos alentaba a correr aún más los extremos, a atravesarlos todos, a violarlos por completo; incluso a inventar nuevos.
Íbamos a dejar que la sangre nos hirviera hasta el final, que la carne nos doliera del placer y que el corazón nos explotara del sentir. Indagar el recóndito misterio de la mágica conexión nos excitaba, nos estimulaba inmensamente, nos invitaba inevitablemente a ir tras lo oculto, a desentrañar lo infinito del secreto compartido, lo caliente del sediento deseo y lo real o no de la brutal revelación.
La encendida pasión no iba a acabar y el peso de los sentimientos la hacía más relevante, la inflaba; la transformaba en algo nuevo, renovado, más perdurable y menos efímero.
Todo crecía, se acumulaba, mutaba, se desbordaba…. El placer sin fin se nos colaba por los poros, no se detenía…era voraz, arrebatado, impertinente.
Movernos a la par junto al calor del respirar nos extasiaba; el irrefrenable apetito nos inundaba secretamente y los cuerpos se acoplaban al sentir de una forma inusual, inquietante.

Los excesos se sucedieron sin pausa, embelesados por la fatal atracción de las almas, no buscábamos impedir nada, solo deleitarnos en el centro mismo de la indomable lujuria que despertaba el contacto; seguros de que el corazón haría trascender las semejanzas.
El desenfreno de la sensualidad que emanábamos sobrepasaba lo conocido y nos hacía especiales. Nadie. jamás, podría atestiguar acerca de lo intenso de la experiencia, de lo insólito del encanto, de la comodidad en lo íntimo. Pero ya no éramos solo dos cuerpos ávidos de saciarse, éramos más que eso…
No hay modo exacto de describirlo, no hay forma de ponerlo en palabras sin caer en el error; la sensación era única y no volvería a repetirse. Unidos sin querer por la primera palabra, nos reencontrábamos cada vez. Juntos, quietos, en silencio, seduciéndonos descaradamente, entregados enteros.
Lo milagroso de lo irrepetible y la conciencia de estar transitándolo hizo inevitable el aventurarse a ir mas lejos; exacerbando la tentación, llevando las sensaciones al límite de la clandestinidad; creando un rincón exclusivo, rabiosamente obsceno, desenfadado y ardiente. Un lugar solo nuestro y de nadie mas.
Mantener escondido el deseo a los ojos de los otros, sabiendo que la piel nos estallaba de ansías, condimentaba exquisitamente el vínculo. Cerrar los ojos y sabernos cómplices del pensar y del sentir; nos elevaba a un sitio en donde los sentimientos quedaban despojados de imperfecciones y se volvían puros, claros, livianos…
Presentirnos en la ausencia, tocándonos con la mente a la distancia, queriéndonos sin tiempo ni espacio; hablaba de la particular forma que teníamos de entendernos en el mundo y eso nos aproximaba delicadamente, nos ataba de manera vehemente.
Esa complicidad acrecentaba la intención y nos adentraba en un juego emocionante, riesgoso… pero enteramente placentero.
Callados entre la multitud íbamos a quedarnos escondidos, tras la calma; sin que nadie descubriera jamás nuestra intima debilidad. Seríamos desconocidos entre la gente, cercanos pero distantes… solo eso, cómplices ocultos, agobiándonos, provocándonos a lo lejos para dilatar los encuentros y volverlos más suculentos.
Solo dos, nosotros dos, encarnaríamos lo velado, reservándolo encubiertamente, perpetuándolo en silencio para guardarlo para siempre.

1 comentario:

  1. Hola, entré a tu blog por un contacto, me pareció muy bueno. Voy a seguirte. Aprovecho la oportunidad para invitarte al mío que es de literatura.
    Un abrazo desde Argentina.
    Humberto.

    www.humbertodib.blogspot.com

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