21.11.10

MAGICOS DESEOS

Es increíble la cantidad enorme de puertas que se te abren cuando compartís con otro, un secreto tan grande y poderoso.
De pronto, todos esos casilleros que guardabas prolijamente vuelan por el aire y la cabeza te explota en mil pedazos.
La magia de la noche, el fuego en las palabras, el ardor en la piel y el viaje mas exquisito hacia las fantasías jamás imaginadas; crearon en mi mundo, la combinación mas explosiva y letal.
Todo fue intenso, profundamente honesto y a la vez, efímero y fugaz. Real e irreal al mismo tiempo.
La fusión de los deseos estaba ahí frente a nosotros, y nos miraba a los ojos. Sin embargo, había algo que aún no se develaba, que aún no se nos hacía presente, pero que vibraba entre los cuerpos como energía luminosa.
Lo más insólito no era la repentina proximidad, ni las palabras ardientes, ni esas madrugadas a escondidas; lo más asombroso y extraordinario era la similitud en la forma de sentirlo.
Los sentimientos y las sensaciones suelen emparentarse, pero las impresiones de lo sentido nunca se parecen. Esta vez si, y eso llenaba de magia cada espacio.
Nuevas puertas, montones de puertas… todas tan excitantes que era imposible negarse a entrar en el juego de adentrarse en ellas, una por una….
El deseo era inagotable, la Luna siempre acompañaba, las palabras no tenían fin y la carne se prendía fuego con cada roce. Pero ese fuego además de arder ilimitadamente, se mezclaba con el dulce sentimiento de cercanía desde lo espiritual.
Al principio, todo fue asombro; luego se transformó en ardiente pasión sin freno y más tarde devino en una cierta clase de magia inspiradora.
En el aire, se respiraba esa sensación que te da la mezcla del íntimo secreto con la igual manera de transitar por la experiencia. Definitivamente, éramos invencibles.
Deseo y magia. Las almas y los cuerpos enredados. La conexión perfecta.
Pero ese excitante secreto que había aparecido de forma tan inocente y natural aun no había calmado la sed, aún no había saciado los cuerpos, aún no había incinerado del todo la mente.
El solo hecho de pensar en que podría llegar aún más lejos, erizaba la piel e invitaba a dejarse llevar por completo. Aventurarse a vivirlo plenamente era un riesgo encantador.
El placer podía no tener límites y estaba ocurriendo.
Cuando algo se presenta así, tan ávidamente ilimitado, uno se pregunta si el tiempo no romperá la magia y la costumbre, al final, apagará el deseo…
Puede que sí, puede que no… pero hay algo definitivo y para siempre: el estremecimiento de las almas reencontrándose en el ardor de los cuerpos.

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