11.12.10

INTIMOS SENTIMIENTOS

Cuando aparece en la vida, una historia que nace de una fortuita causalidad y empieza a cobrar un peso insospechado; ciertas fichas cambian de lugar para siempre y uno reconoce en su interior zonas nunca antes exploradas, inhóspitas, sin uso. Se asoman sensaciones encontradas y eso hace que la aventura empiece a rodar.
Así estábamos, encontrados en un tiempo y un espacio que convertiría los días en un andar común.
Nos habíamos encontrado sin buscarnos, nos habíamos tocado sin rozarnos, nos vimos entre la gente y nos acoplamos a la perfección. Nos compartimos enteros, siendo dos, de a ratos uno, y casi siempre varios.
El misterio y la intriga nunca nos abandonó, pero con el pasar del tiempo algunas sensaciones se diluyeron, se desinflaron, se degastaron pero jamás desaparecieron. Se gestó una clase de relación única pero no exclusiva; especial pero no extravagante, distinta pero no rara. Fluimos con aplomada naturalidad con el correr del tiempo, sin forzarnos, sin exigirnos, sin presiones…libres, despojados, sueltos.
Cuando los sentimientos salieron a la luz y la confesión se hizo realidad abrigada por el primer secreto, se abrió ante nosotros un nuevo espacio, inclasificable, imposible de etiquetar, de poner en palabras, de contar, de describir….Un nuevo lugar en el que solo los dos éramos capaces de existir, de ser.
Mantenernos ocultos ante el resto nos daba un vuelo nunca imaginado. La fuerza de la complicidad provocaba los cuerpos y avivaba la mente. Atrapados queriéndolo estar, nos excedimos del todo, nos fuimos muy lejos…solos pero juntos.
El instinto que ya traíamos de antes se agudizo extremadamente y nos condujo sin remedio por agitados instantes, llenos de calor, humedad, sudor, ansías… nos atravesamos alimentados por una pasión extraordinaria, por un deseo ilimitado.
No habría límites pero tampoco ataduras; no habría reglas, el juego no tendría fin…era excitante, inabarcable, incontenible; atestado de atractivas variables que condimentaban sabrosamente el experimentarnos en lo privado.
Las madrugadas, una vez más, se apilaron apresuradamente y las palabras, amontonadas desprolijamente, forjaron un lazo que aun en la distancia, sería indestructible, ahora y para siempre.
El sentirnos, y no solo con la piel, nos transformaba en algo mas que dos cuerpos enredados entre sabanas, nos hacia evolucionar, crecer.
Nos aprendimos de memoria, al punto de intuirnos. Nos quisimos con el corazón, con la mente y con el alma; y aun así no mezclamos el agua con el aceite. Nos mantuvimos firmes, seguros de que lo que acontecía entre los dos, sería incomprensible para el mundo pero suficiente para nosotros.
Nunca nos íbamos a involucrar sin salida pero siempre estaríamos conectados. La evidente atracción sexual hacía imposible eludir el ardor del contacto, los declarados sentimientos no excluían lo sexual pero incluían al corazón; sin embargo no había amor, al menos no esa clase de amor que habitualmente conlleva compromiso.
Es paradójico, lo sé. Estábamos atados por el deseo, por la incontrolable avidez de gustarnos locamente; y al mismo tiempo, éramos libres, absolutamente libres.
¿En que lugar uno se elige, se quiere pero no se exige? Sí, en la amistad; el vinculo mas real y menos contaminado, el más sólido, el menos franqueable, el mas perdurable, el menos fugaz…
Lo descubrimos, se nos reveló: éramos sencillamente amigos; amigos íntimos dándonos batalla en lo oculto, sin permitirnos caer, entregándonos a lo primitivo del ser, explorando nuestras esencias, saboreando nuestros matices, acariciándonos el alma con delicadeza, con dedicación, con ganas.
Nunca dejaríamos de ser amantes en lo oculto de la noche, pero tampoco podríamos evitar ser causalmente "amigos", secretos cómplices en la oscuridad, velados para los otros, intensos a solas, peligrosamente cercanos y sutilmente distantes. Así debía ser, esto era lo que el Universo había reservado para nosotros y estaba bien.
Si algún día, la pasión se agotara y la descontrolada búsqueda del placer terminara; siempre tendríamos un refugio en el que resguardarnos: nuestra amistad…íntima, intensa, ilimitada, tan contundente que asustaba, pero profundamente verdadera.

5.12.10

COMPLICES OCULTOS

Cuando el Universo se te presenta de forma tan clara y contundente, puede asustarte, intimidarte, acorralarte…podes sentirte confundido, mareado, indeciso...podes querer detenerlo con la mente, frenar el acontecer, apaciguar el transcurrir, calmar la sensación, sosegar el sentimiento y aun así, haciendo los más grandes esfuerzos por controlarlo, el destino se torna inmanejable y no queda opción: entregarse.
Así estábamos tras la confesión, entregados por completo al sobrevenir de los momentos, entregados hasta el fin.
Traspasar ese delgado límite de poner en palabras lo que el corazón sentía desde la primera vez, nos alentaba a correr aún más los extremos, a atravesarlos todos, a violarlos por completo; incluso a inventar nuevos.
Íbamos a dejar que la sangre nos hirviera hasta el final, que la carne nos doliera del placer y que el corazón nos explotara del sentir. Indagar el recóndito misterio de la mágica conexión nos excitaba, nos estimulaba inmensamente, nos invitaba inevitablemente a ir tras lo oculto, a desentrañar lo infinito del secreto compartido, lo caliente del sediento deseo y lo real o no de la brutal revelación.
La encendida pasión no iba a acabar y el peso de los sentimientos la hacía más relevante, la inflaba; la transformaba en algo nuevo, renovado, más perdurable y menos efímero.
Todo crecía, se acumulaba, mutaba, se desbordaba…. El placer sin fin se nos colaba por los poros, no se detenía…era voraz, arrebatado, impertinente.
Movernos a la par junto al calor del respirar nos extasiaba; el irrefrenable apetito nos inundaba secretamente y los cuerpos se acoplaban al sentir de una forma inusual, inquietante.

Los excesos se sucedieron sin pausa, embelesados por la fatal atracción de las almas, no buscábamos impedir nada, solo deleitarnos en el centro mismo de la indomable lujuria que despertaba el contacto; seguros de que el corazón haría trascender las semejanzas.
El desenfreno de la sensualidad que emanábamos sobrepasaba lo conocido y nos hacía especiales. Nadie. jamás, podría atestiguar acerca de lo intenso de la experiencia, de lo insólito del encanto, de la comodidad en lo íntimo. Pero ya no éramos solo dos cuerpos ávidos de saciarse, éramos más que eso…
No hay modo exacto de describirlo, no hay forma de ponerlo en palabras sin caer en el error; la sensación era única y no volvería a repetirse. Unidos sin querer por la primera palabra, nos reencontrábamos cada vez. Juntos, quietos, en silencio, seduciéndonos descaradamente, entregados enteros.
Lo milagroso de lo irrepetible y la conciencia de estar transitándolo hizo inevitable el aventurarse a ir mas lejos; exacerbando la tentación, llevando las sensaciones al límite de la clandestinidad; creando un rincón exclusivo, rabiosamente obsceno, desenfadado y ardiente. Un lugar solo nuestro y de nadie mas.
Mantener escondido el deseo a los ojos de los otros, sabiendo que la piel nos estallaba de ansías, condimentaba exquisitamente el vínculo. Cerrar los ojos y sabernos cómplices del pensar y del sentir; nos elevaba a un sitio en donde los sentimientos quedaban despojados de imperfecciones y se volvían puros, claros, livianos…
Presentirnos en la ausencia, tocándonos con la mente a la distancia, queriéndonos sin tiempo ni espacio; hablaba de la particular forma que teníamos de entendernos en el mundo y eso nos aproximaba delicadamente, nos ataba de manera vehemente.
Esa complicidad acrecentaba la intención y nos adentraba en un juego emocionante, riesgoso… pero enteramente placentero.
Callados entre la multitud íbamos a quedarnos escondidos, tras la calma; sin que nadie descubriera jamás nuestra intima debilidad. Seríamos desconocidos entre la gente, cercanos pero distantes… solo eso, cómplices ocultos, agobiándonos, provocándonos a lo lejos para dilatar los encuentros y volverlos más suculentos.
Solo dos, nosotros dos, encarnaríamos lo velado, reservándolo encubiertamente, perpetuándolo en silencio para guardarlo para siempre.

28.11.10

PELIGROSA CONFESIÓN

Una vez que uno entra en el apresurado juego de la seducción, la irracionalidad se vuelve un hecho y el "dejarse llevar" desemboca instintivamente en un lugar desbordante de exquisito placer.
La insaciable desesperación que nos provocaba la cercanía, alimentaba magníficamente el fuego en la piel y encendía trémulamente la carne toda. La intensa e inagotable explosión de los sentidos, avivaba el deseo; pero también profundizaba el sentimiento.
La resbalosa humedad de la unión tenía un sabor dulce, crudo. La impetuosa violencia en las palabras hacía vibrar el alma, y en ocasiones, estremecía al corazón.
El íntimo secreto que nos enlazaba ardía en cada mirada; y quemaba nuestra humanidad entera, poniéndonos en un lugar que era y aun es, solo nuestro.
Dos almas en la madrugada, reconociéndose en las palabras, descubriéndose en la intimidad y acariciándose en el silencio.
La extrema sensación en la piel nos hacía poderosos… esa clase de poder en la que no existe la competencia y el compartir se vuelve supremo.
Cada encuentro, furtivo y excitante, nos iba conduciendo sin querer por un camino minado de arriesgados interrogantes que evadíamos a cada paso. Y aun cuando quisiéramos evitar decirlo, el sentir se imponía sin más….
Lo irremediable se acercaba. Una confesión, fugaz y apresurada, se asomaba entre los dos. De forma insolente, en lo oscuro de la noche, lo nunca dicho se hizo presente. Fue honesto, verdadero… y las bocas, al fin lo dijeron: te quiero….sí, te quiero.
De forma simple y natural, estábamos ahí, confesándonos enteros, entregándonos a nuestro destino; dejando que el profundo sentir desate, al fin, el enigma primero, el misterio intrínseco de la causalidad que nos había unido.
La furia en nuestros movimientos se precipitaba locamente, sin intenciones de detenerse, con ganas de volver infinito el tiempo, de perpetuar el momento de la revelación.
El sentimiento había llegado a la carne, el fuego no iba a extinguirse y las llamas avivadas engrandecían la desesperación, las ansías. Los latidos se aceleraban irrefrenablemente y la respiración se precipitaba sin pausa. Los susurros húmedos invadían el espacio y la inmensa excitación se acrecentaba con el peso de la declaración.
Jugar con esa línea finita que separa lo real de lo irreal, nos abría a una nueva dimensión, nos involucraba peligrosamente, y correr ese riesgo era estimulante.
Confesados en la intimidad, estábamos ahí, mirándonos a los ojos y abrazados en el silencio; emocionados hasta las lágrimas, acariciándonos por fuera y tocándonos por dentro.
Una vez mas nos descubrimos, envueltos en la magia, signados por una palabra, sumergidos en el acontecer de los impulsos, dejando que nos desgarren con violencia…que nos sacudan con avidez, que nos empujen tierna y ferozmente por el sentimiento expuesto.
A escondidas nos mostramos el corazón, nos sacamos la piel para vernos mejor y así, con las almas desnudas nos quisimos sin pensar, con euforia, con arrebato. Nos gastamos hasta el fin y volvimos a empezar, indefinidamente, hasta el cansancio total, hasta que el rayo de luz nos abrazo para volvernos a la realidad.
La confesión era un hecho, y estábamos ahí, juntos, queriéndonos sin miedo, infinitamente.

24.11.10

EXTREMAS SENSACIONES

Lo misterioso de los encuentros casuales (causales) los nutre de una dosis de imprevista adrenalina que transforma cada pequeño detalle en una gran oportunidad, excitante e ilimitada.
La curiosidad mueve las sensaciones de forma furiosa e incita al recorrido desesperado de la piel.
La sensibilidad es llevada hacia el borde peligroso que separa la ficción de la realidad. Recorrer los extremos se transforma en un atractivo y vehemente paseo por los confines del deseo.
La unión de los cuerpos, sudando pasión, entremezclados en la noche, rozando las estrellas; mientras la brisa tibia acaricia los rincones prohibidos; dispara desde el centro de la mente y hasta lo más profundo del alma, un impulso desgarrador y fugaz…
La primera palabra, el correr de los encuentros, lo intenso de las madrugadas, el espontáneo secreto, lo parecido del sentir, la magia del deseo, lo aún no descubierto…
El cumulo de esas calientes intenciones aún no consumadas, confundidas entre las fantasías ya realizadas, generaban entre los dos, un lugar común que no cesaba de incendiarse con cada roce.
Una vigorosa energía nos atravesaba enteros. Nos arrastraba hacia infernales espacios cargados de lujuriosa pasión sin freno.
Por momentos, aparecía el miedo pero la avidez de las sensaciones nos invitaba a no detenernos, a continuar la acelerada marcha hasta llegar al filo de la locura.
Romper las barreras, atravesar los muros, arrancar las espinas y encajar dibujando una sola forma.
El tiempo se volvió lento, como una forma de alargar los instantes, de convertir en eterna la unión mas extrema, de perpetuar las emociones, de ilimitar el juego, de jugarlo para siempre.
Sin querer, una noche y a través de una sola palabra, descubrimos el sentido de la existencia…nos reconocimos.
La tormenta nunca se detuvo…se escondió de a ratos, vibró en silencio, descansó en la orilla; pero nunca se detuvo. A los gritos o en voz baja, el destino se manifestó, el Universo dio señales y nosotros construimos los momentos.
El descontrol de los sentidos, iba a llegar hasta un punto sin retorno, sin medida; no inesperado pero sí determinante.
Se vislumbraban dos caminos: decirlo o no decirlo; darle rienda suelta al sentimiento o acallarlo entre las sabanas…
Desde el principio, la honestidad era la regla pero lo vívido del sentir y lo confuso de la experiencia, nublaba la conciencia. Así y todo, la confesión era inminente, estaba implícita en el transcurrir. Tarde o temprano sería puesta en palabras e invadiría los cuerpos hasta empaparlos.
Abrazarlo con los ojos cerrados, fuerte y en silencio, me daba la dimensión exacta de lo que estaba ocurriendo, de la razón por la cual habíamos sido elegidos.
Un quiebre en la intimidad se acercaba sigilosamente, una confesión ruidosa se avecinaba en el recorrido… como un volcán inactivo que un día la naturaleza decide volver a encender.
Iba a explotar saliendo de mi boca y no iba a poder evitarlo; iba a tener que alzar la voz y decirlo, aún a riesgo de no encontrar la respuesta deseada.
Algo era innegable, se imponía y en breve, también se iba a revelar.

21.11.10

MAGICOS DESEOS

Es increíble la cantidad enorme de puertas que se te abren cuando compartís con otro, un secreto tan grande y poderoso.
De pronto, todos esos casilleros que guardabas prolijamente vuelan por el aire y la cabeza te explota en mil pedazos.
La magia de la noche, el fuego en las palabras, el ardor en la piel y el viaje mas exquisito hacia las fantasías jamás imaginadas; crearon en mi mundo, la combinación mas explosiva y letal.
Todo fue intenso, profundamente honesto y a la vez, efímero y fugaz. Real e irreal al mismo tiempo.
La fusión de los deseos estaba ahí frente a nosotros, y nos miraba a los ojos. Sin embargo, había algo que aún no se develaba, que aún no se nos hacía presente, pero que vibraba entre los cuerpos como energía luminosa.
Lo más insólito no era la repentina proximidad, ni las palabras ardientes, ni esas madrugadas a escondidas; lo más asombroso y extraordinario era la similitud en la forma de sentirlo.
Los sentimientos y las sensaciones suelen emparentarse, pero las impresiones de lo sentido nunca se parecen. Esta vez si, y eso llenaba de magia cada espacio.
Nuevas puertas, montones de puertas… todas tan excitantes que era imposible negarse a entrar en el juego de adentrarse en ellas, una por una….
El deseo era inagotable, la Luna siempre acompañaba, las palabras no tenían fin y la carne se prendía fuego con cada roce. Pero ese fuego además de arder ilimitadamente, se mezclaba con el dulce sentimiento de cercanía desde lo espiritual.
Al principio, todo fue asombro; luego se transformó en ardiente pasión sin freno y más tarde devino en una cierta clase de magia inspiradora.
En el aire, se respiraba esa sensación que te da la mezcla del íntimo secreto con la igual manera de transitar por la experiencia. Definitivamente, éramos invencibles.
Deseo y magia. Las almas y los cuerpos enredados. La conexión perfecta.
Pero ese excitante secreto que había aparecido de forma tan inocente y natural aun no había calmado la sed, aún no había saciado los cuerpos, aún no había incinerado del todo la mente.
El solo hecho de pensar en que podría llegar aún más lejos, erizaba la piel e invitaba a dejarse llevar por completo. Aventurarse a vivirlo plenamente era un riesgo encantador.
El placer podía no tener límites y estaba ocurriendo.
Cuando algo se presenta así, tan ávidamente ilimitado, uno se pregunta si el tiempo no romperá la magia y la costumbre, al final, apagará el deseo…
Puede que sí, puede que no… pero hay algo definitivo y para siempre: el estremecimiento de las almas reencontrándose en el ardor de los cuerpos.

17.11.10

SECRETAS MADRUGADAS

En algún lugar y en algún momento que hoy no recuerdo con claridad, me enseñaron que para escribir, siempre es bueno partir de un interrogante.
Y por alguna razón que también desconozco, suele rondar por mi cabeza la premisa de que los pequeños grandes placeres de la vida, se suceden más de madrugada que a plena luz del día.
La Luna es mejor compañera que el Sol y las preguntas fluyen más de noche que de día.
Siempre de madrugada, las palabras atravesaron el espacio y la distancia. Penetraron hondamente por la infinidad de poros que conforman los cuerpos. Y lentamente, el redescubrimiento de las almas, de dos almas que ya se conocían de antes, daba pasos entre líneas durante las intensas noches de encuentros.
Una ardiente transformación había comenzado, y con ella, se empezaba a gestar algo imparable, contundente, ilimitado, tan íntimo y tan verdadero que asustaba: un secreto.
Ese secreto sería solo nuestro. La madrugada, dos almas en dos cuerpos, la infinidad de palabras y la serie de imágenes que esas palabras disparaban, conformaban una escondida y confidencial forma de relacionarnos.
Inesperada y aceleradamente, las madrugadas se amontonaron sin cesar en un vaivén vertiginoso de sensaciones poco habituales.
El secreto siempre fue el mismo, pero creció de forma desmesurada en un abrir y cerrar de ojos.
El asombro por la causalidad quedó anulado, de golpe, en el sinfín de estrechas similitudes aún más trascendentales que aquel vocablo original.
El ardor, el sudor, los suspiros, los susurros, las intenciones no declaradas, el juego del placer y la permanente provocación sin planes de darle respiro a las agotadoras madrugadas, incrementaron la intimidad y la volvieron, en principio, intrigante.
El misterio alrededor de la casualidad más causal del Universo, provocó la exploración mas impensada de la única e irremplazable experiencia de sentirlo todo sin sentir nada.
Una irrealidad tan verdadera que erizaba la piel, tan vehemente y apasionada que, por momentos, dolía… una especie de dolor exquisito que lastima dulcemente.
Un secreto de madrugada que nació una noche sin querer, y aún no ha muerto. Un secreto vigoroso, tenaz, de a ratos violento pero sobre todo impetuoso y voraz.
Llegaríamos mas tarde, a un lugar aun más elevado en la escala del deleite, pero ese espacio hoy no sería nuestro si el secreto no fuera lo suficientemente poderoso como para sobrevivir en las secretas madrugadas que nos envuelven en las apetitosas mieles de lo desconocido.
La madrugada se acerca, y quiero adentrarme en ella de lleno, indagarla, descubrirla con los dedos, sentirla con la piel, tocarla con el alma, rozarla….de a poquito y en silencio….

15.11.10

PALABRAS ENCENDIDAS


Pensando en cómo escribirlo/describirlo mejor, se me ocurre preguntarme ¿cual es el verdadero peso de las palabras?
De forma permanente las utilizamos para relatar, contar, analizar, expresar, explicar….y sin embargo, ni un solo segundo nos detenemos en ellas.
Los días que se sucedieron con posterioridad al encuentro causal, estuvieron colmados de palabras, de frases enteras llenas de palabras. Palabras chiquitas y palabras más grandes, solo palabras, nada más ni nada menos que palabras.
Letras frenéticas, permanentes provocaciones, destellos luminosos de intenciones ocultas.
Noches enteras, días completos tocándonos con las palabras. Con desesperación, con ansías, de forma desprolija, asimétrica pero siempre intensa.
Ya no importaba explicarse por qué, había que entregarse a la placentera sensación de la intimidad no real, pero verdadera, al mismo tiempo.
Palabras, intimidad, desesperación, ficción, realidad….Y de repente, todo era tremendamente maravilloso, tanto que era irreal….
Todo se convirtió en un fluir constante de momentos cada vez más y mas encendidos, menos racionales y más primitivos, menos tibios y mas calientes.
Y hasta acá todo bien, pero ¿Qué pasa cuando entre las palabras elegidas al azar- o no- aparecen los sentimientos? Duda, confusión, intriga, curiosidad… y junto con todo eso, ganas.
Las ganas no cesaban, la incertidumbre no se iba, la causalidad se acrecentaba, el querer se entremezclaba y las palabras se encendían. Encenderse le daban peso, y ese peso nos hacia más livianos.
Entregarse por completo era la opción por excelencia, pero sin embargo aún quedaban en mi, resabios de la última espina. Y de otras viejas espinas, también.
Había un hecho innegable: la transformación estaba entre nosotros, una cierta transformación poco conocida. Cada eslabón en la cadena que enlazaba una palabra con otra, una frase con la siguiente, una conversación entera con la que vendría al otro día ya estaba hacía mucho tiempo en algún lugar que aún no descubrimos pero que sabemos que arde… tanto o mas que nosotros mismos.
Una palabra nos unió, esa única e irremplazable. Esa que nunca va a cambiar, que siempre estará ahí.
Muchas palabras nos atravesaron la piel, nos incendiaron el cerebro y nos iluminaron el corazón.
Y al contrario de la lógica consecuencia de esta conexión, no había unión. En cambio, algo se estaba gestando, aun lo hace…. 

14.11.10

ARDIENTE CAUSALIDAD

Todo comenzó de la forma más insólita. Fue inesperado, sorprendente. De golpe, sin querer.
Solo una palabra nos unió de repente. Una palabra que siempre estuvo ahí, una palabra única, irremplazable, no transferible.
Inocentemente nos encontramos en un mismo camino y de a poco, fuimos recorriendo una senda común. Creando espacios, tiempos…
Al principio, fue alocado, muy acelerado. Emoción, confusión, ansías, curiosidad, intriga.
Básicamente, nos preguntábamos ¿Por qué? ¿Por qué esto pasó? ¿Por qué esta pasando? Jamás hallamos respuestas, y ya no las buscamos…
La cuestión era que estábamos ahí, que la conexión era evidente y que debíamos transitarla.
Nos indagamos largo tiempo… sin parar, con ganas, con entusiasmo. Y pese a no terminar de comprender, había un hecho contundente: ya estábamos unidos.
De forma consciente o no, no lo sé, nos arriesgamos a entrar en esa unión, a caminarla con claras intenciones de llevarla hasta el límite. Intenciones que, por supuesto, no fueron "blanqueadas" hasta muchos meses después.
Debo decir que si bien no esperábamos encontrarnos, desde el principio, todo fluyó de una forma tan natural que el impacto de la "casualidad" se magnificó.
Oups! ¿Dije "casualidad"?
No voy a mentir, antes de esta experiencia, jamás me había puesto a pensar de forma concienzuda en la diferencia entre "casualidad" y "causalidad". Pero sí, a raíz del encuentro insospechado, permití que mi mente viajara hasta ese lugar del pensamiento en donde lo casual es puesto en duda, en donde lo que, habitualmente, es un buen punto de partida de una historia de ficción, se transforma en realidad.
Ahora lo sé, no fue casual. Fue causal.
De esta forma, una nueva puerta se abría ante mí….de noche, muy de noche… recuerdo el frío… que se apaciguó con las palabras, no calientes del todo, pero sí cargadas de una fuerte tensión sexual.
La ruleta había girado una vez más y la bola había caído en un casillero desconocido. No conocerlo, lo hacía excitante; la causalidad lo hacía poderoso; y las palabras lo hacian ardiente.
Definitivamente sonaba prometedor, así que no tuve más opción y me arriesgué… entré de lleno en el laberinto del destino que se me había hecho presente.
Aún hoy camino por esta ardiente causalidad, pero muchas cosas han pasado en este transcurrir y todas han sido objeto de mi inspiración para ser puestas en breves relatos por entregas. Entregas de las cuales, ustedes serán testigos como yo fui protagonista.
Los voy a dejar espiar….

13.11.10

EL PRIMER POST

Siempre es difícil escribir por primera vez. Siempre es difícil la primera vez en algo, en todo…
Aquí, y con el transcurrir de las horas, los días, las semanas, encontrarán las más diversas historias. No siempre amables, no siempre cómodas, no siempre reales.
Escribir ficción o realidad siempre es complejo, pero desde aquí, siempre habrá honestidad.
Decir que los relatos que aquí lean, estarán basados en hechos de la realidad, sería correcto. Pero decir lo contrario, también lo será.
Todo el tiempo a todos nos pasan cosas. A mi también me pasan.
La vida, vivirla es aventura permanente, sin lugar a dudas.
Tantas son las aristas que hacen de los días un camino hacia a algún lugar o hacia ninguno…
Tantas son las experiencias que, a diario, traspasamos…
Tantos son los sentimientos y las sensaciones con las que vibramos en lo cotidiano que, a veces, no hay tiempo para detenerse a observarlas.
Eso intentaré…documentar la sensación, el sentir, el vivir….
No todo es ficción, no todo es realidad.